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El Largo Proceso a la Madurez

 

Mensaje del Director

Para el agudo observador de la naturaleza, es más sencillo comprender el desarrollo natural de las cosas. Detengámonos en una pequeña semilla, que colocada en buena tierra y regada continuamente nace como una pequeña y tierna planta, que va creciendo y desarrollándose, mediante los aportes y cuidados necesarios, hasta que con el paso de los días se transforma en un árbol, que a su debido tiempo da abundante fruto.

naranjasAl comienzo, solo una semilla

El Salmista nos dice que el varón, que atiende a la enseñanza del Señor, será como árbol plantado junto a corrientes de agua. Que da su fruto a su tiempo. Ese fruto revela la madurez de ese árbol, el ciclo natural se ha completado satisfactoriamente. En muchos seres humanos, ese crecimiento y desarrollo natural parece haberse detenido en alguna etapa y es penoso ver entonces, vidas frustradas, depresión, soledad y conductas decididamente antisociales.

Una nota discordante

La naturaleza prueba que ha logrado resultados más excelentes en todas las especies, que los resultados que Dios ha logrado con el hombre. Todavía el ser humano no ha comprendido cabalmente, cuanto depende del medio ambiente para su subsistencia y realización, por eso lo ataca y lo destruye. Hay una nota discordante en su accionar devastador, que le lleva a la Naturaleza años reconstruir luego. La unanimidad del pensamiento hacia el interés común, todavía constituye una utopía.

Un Cuerpo, una Organización

Olvidemos por un momento el lugar que alguien ocupa en una congregación cristiana, si es un Presbítero o un Diácono, un Dirigente o un Obrero, porque aún eso, no es prueba contundente de madurez, para detenernos en el hecho de ser simplemente miembros del cuerpo, que es la Iglesia. Sabemos que nuestro cuerpo consta de muchos miembros y que cada uno de ellos debe funcionar armónicamente para que vivamos saludablemente.

¿Funciona la Iglesia como un Cuerpo?

Es aquí donde precisamente se ve la diferencia, hay un reducido grupo de miembros, que con diligencia trabaja activamente, mientras coexiste otro grupo mayoritario que solamente ocupa y envejece en sus bancas día tras día y año tras año. Irónicamente, son estos últimos siempre, los primeros en reclamar, el Pastor es demasiado exigente, los Diáconos se equivocan siempre y los obreros que trabajan son ineficientes, todo está mal hecho.

Especialistas en encontrar defectos

Bored Woman Sitting at Her Desk

Siempre es más sencillo, ver los defectos y las equivocaciones de los demás, para quien solo es un espectador del quehacer ajeno. Pero lo triste, es que ellos olvidan que como a todos los miembros, se les ha dado un Don y que ese Don especial, es  para provecho de la congregación y el cual no están utilizando. Esa gran fuerza de trabajo inactiva está deteniendo el progreso de la Iglesia e impidiendo el impacto que la sociedad necesita con desesperación, para vivir mejor y tomar las más acertadas decisiones.

¿A qué estamos jugando?

Estos creyentes son muy parecidos a los de Corinto, se entretienen y juegan a la Iglesia, Pablo no podía hablarles a los antiguos como a hermanos maduros, sino como a niños en Cristo, sus contiendas y desacuerdos ocupaban todo su tiempo,  los actuales dejan de lado lo más importante, el desarrollo de sus dones espirituales, para usarlos luego con inteligencia y así van sumando año tras año de crecimiento nulo y muchos llegan a la vejez, sin fruto que ofrecer a su salvador.

Cooperar Sí Competetir No

En una oportunidad una hermana en la fe que ya pasaba la década de los 50, me dijo en un impulso «Yo lo hago mejor que tú» Dejando de lado, si era cierto o no, evidentemente, no había comprendido que en la vida y en una congregación fundamentalmente, se trata de sumar, no de disminuir o pisotear a los demás. Olvidaba conscientemente, las palabras del Apóstol “creciendo en la obra del señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo (no permanencia) en el Señor no es en vano»  Corintios 15-58

¡Levántate ya!

Todos sabemos cuanto cuesta mover un cuerpo cuando está postrado, pero es nuestra mejor tarea hacer que, cobren ánimo, se pongan de pie tomen su lugar y trabajen. Queda mucho por hacer y eso supone, pensamiento, decisión y acción solidaria durante toda la vida.

De Jesucristo nadie se jubila.