Ser original y no una réplica

Mensaje del Director:

Ser original y no una réplica, es la clave para una vida con un propósito definido. No es nuestra tarea cómo mensajeros del Evangelio, definir en qué consiste el éxito o el triunfo. No son sinónimos, como alguien podría pensar. Ya que el éxito constituye el logro de alguna meta, mientras que el triunfo suele ser pasajero. Hoy gano, pero mañana podría perder. Para el universo del ser humano, lo que para algunos es deseable para otros, no lo es. Muchos buscan algo, que ni siquiera saben qué es y otros encuentran cosas que nunca imaginaron. Solo unos pocos, viven buscando su propósito en la vida. Y no descansan hasta que lo encuentran. La puerta existe, pero ¿donde está?

¿Donde está la puerta que permite la entrada al otro lado?

 Muchos caminan en el sendero de la existencia, de la forma que consideran más conveniente. Esta es mi forma de ganarme la vida sostienen, de acuerdo a lo que hacen. Los resultados así obtenidos parecen afirmar la creencia de que se hace lo correcto. A veces, no se toma en cuenta, que lo que el hombre cree un camino derecho, termina torcido. No se considera seriamente si en realidad, se está ganando la vida, o ese camino lleva definitivamente al desastre. La absoluta verdad es que nunca le fue dado al hombre la facultad de ganar su vida. La única posibilidad que tiene es que puede perderla, si no hace la correcta elección. Solo existe una única puerta que elegir.

Lo normal es buscar lo original, no una imitación.

En lo que se ha llamado el derecho a la diversidad, eso puede conducir a lo que es admisible o a la transgresión del estado natural. Aún la palabra del creador se ha confundido hasta en círculos cristianos. El libre albedrío, nunca supone la posibilidad de hacer lo que se quiere. Solamente la posibilidad de elegir qué hacer. Y esto siempre produce consecuencias, presentes y futuras. En el mundo posmoderno han proliferado multitud de personas cuya ocupación es la imitación. Deciden hacer que su propia vida refleje de alguna manera, la forma de ser de los demás. Inclusive en el ámbito de los negocios, las relaciones y vida social, se enseña a la gente que debe ser un imitador.

El valor de lo auténtico

No solo me refiero al que imita a otro ser humano como profesión, remedando su forma de ser. Sino lo que la sociedad o parte de los llamados “profesionales”enseñan a la multitud. Si quiere tener éxito, no sea original, copie lo que hace el exitoso, le irá muy bien. No desarrolle su personalidad ¿para qué? Aproveche el camino recorrido por otro antes que ud, y no cometa los mismos errores. Parecen no darse cuenta que el original o innovador es quien provoca el impacto y finalmente triunfa. Si desea ser el alma de la fiesta, fíjese en aquel o aquella que rodea más gente. Acérquese y observe lo que que hacen y procure repetirlo después. Resulta absurdo, pero se pregona.

Se requiere una vida con atributos genuinos, de acuerdo al plan divino.

Al final es el original quien continúa acaparando la atención. El que desarrolla nuevas ideas e invenciones. El que se destaca por sobre los demás por su autenticidad. El Apóstol Pablo, decía a muchos creyentes. Hermanos en esto no los alabo. No se reúnen para lo mejor, sino para imitar lo que hacen los incrédulos. La glotonería y la embriaguez. Antes bien sed imitadores de mi, como yo lo soy de Cristo. No les decía sean como yo, algo muy difícil por cuanto cada uno es diferente y único. Mucho menos como Cristo algo imposible, Él es primero en todo y en verdad original. Sino en la forma en que eligen vivir. Sean realmente Uds, auténticos, piadosos, sin doblez y viviendo en santidad.

La vida no es corta ni larga, simplemente nunca termina es eterna como el tiempo

La existencia es corta, afirman algunos, pero eso es totalmente falso. La vida existe por siempre nunca termina. Lo que es corto es nuestro transito por esta etapa de la vida. Solo unos pocos años nos separan del nacimiento hasta el sepulcro. Lo que muere es el cuerpo, no la persona que vivía en ese cuerpo. Ella enfrentará a partir de ese momento, una serie de acontecimientos dramáticos, que culminan en un destino de Salvación o de Condenación eterno. Dios no interviene en esa decisión, Él no desea que nadie sea condenado, sino que todos alcancen la salvación. Es el hombre por su rebelión e incredulidad el único responsable por su destino final.