Marcas que el perdon no puede borrar

Mensaje del Director:

Marcas que el perdón, no puede borrar. En mi hermosa infancia, entre varias cosas hubo 2 libros que complementaban la enseñanza escolar de aquellos años. Uno de ellos se llamaba “Trabajo” y el otro “Vida” Ambos cautivaban mi mente, por lo agradable de sus historias. Los leía una y otra vez y jamás me aburría cuando lo hacía. Su lectura me mostraba y permitía conocer, un mundo desconocido y que aprendí a disfrutar. Por ejemplo; el libro Trabajo descorría el velo de las labores del campo, en cambio Vida nos enseñaba mediante historias, ejemplos de buena conducta. Una de ellas nos mostraba la enseñanza de un padre a su hijo desobediente, mediante objetos que este conocía.

Una simple tabla y algunos clavos.

Este hijo, no solo era travieso, sino hacía gala de mala conducta con los demás. Cansado ya de palabras, buscó hasta encontrar una mejor manera de mostrarle las consecuencias de sus actos. Mientras pensaba en ello, su hijo continuaba con sus malas acciones. Por fin creyó encontrar una buena y sencilla manera de demostrarle al niño, lo perjudicial de su mala conducta. Armado de un trozo de madera y una caja con clavos, fue en busca de su hijo. El niño se preguntaba sorprendido, que haría su padre con tales cosas. Pero este tranquilamente comenzó a hablar. Hijo, es hora que comiences a ser responsable de tus actos. Toma este trozo de madera y esta caja con clavos y te diré lo que tienes que hacer.

Marcas permanentes en nuestra conducta.

De ahora en adelante continuó su Padre, por cada mala acción que cometas, vas a clavar un clavo en la madera. Muy pronto el niño regresó junto a su padre para pedirle más clavos, puesto que ya había utilizado todos. Este dijo, ya no te daré más, si quieres tenerlos, por cada buena acción puedes quitar uno de la tabla. Tan pronto como los había introducido antes, mostró alegremente la tabla que lucía ya sin ninguno de ellos. Tomando al niño en brazos, le dijo afectuosa pero seriamente las siguientes palabras. Si bien por cada mala acción clavaste un clavo y por cada buena acción lo quitaste, observa la madera. Así sucede también en la vida, la buenas acciones pueden hacer olvidar las malas. Pero como los clavos en la madera, las marcas, siempre quedan.

Consecuencias de nuestros actos, presentes y futuros.

Toda persona con pleno uso de sus facultades y uso de razón es responsable por cada lesión ofensa u omisión. Y no podrá eludir las consecuencias por cada una de ellas. Tanto si se arrepiente como si no lo hace. Muchos buscan con desesperación el perdón, mientras otros se niegan a perdonar. El que manifiesta creer en Dios, muchas veces toma con ligereza lo que esto encierra. La palabra afirma que todos somos pecadores y que el Señor es justo en perdonar. Pero para ser perdonado, tiene que existir antes, un arrepentimiento sincero. Junto a la decisión de no volver a cometer la misma infracción. No es sensato pedir perdón hoy y volver a trasgredir mañana. Aunque es muy común que esto ocurra. Tanto como «perdonarse a si mismo» Aunque no encuentro en ningún lugar de la biblia, tal mandamiento.

Marcas que permanecen a pesar del perdón.

Cuando un acto lesiona a alguien, el perdón no lo borra, puesto que el hecho ocurrió. Cuando se trasgrede un mandamiento el perdón no hace parecer como si nada hubiese ocurrido. Las consecuencias siguen más allá del perdón. El daño infringido tuvo lugar y algo negativo aconteció en la vida de alguien. Por eso la palabra siempre aconseja, escuchar antes de hablar. Resistir antes que caer en tentación. Obediente antes que rebelde. Humilde antes que soberbio. Diligente antes que negligente. No sea como dijo Jesús, que te ocurra luego algo peor. Nunca hacer algo de que arrepentirse después. Hoy es un día excelente para decidir que Jesús sea tu salvador. De eso nunca te vas a arrepentir. Lo bueno genera recompensa. Lo malo provoca desgracia.