El espíritu de Jezabel. El Poder de la Seducción

Mensaje del Director:

El espíritu de Jezabel. El poder de la seducción. ¿Quien fue esta mujer que vivió en la antiguedad, y cuya influencia maligna fue notoria en su época? Una mujer cuyo poder intimidó hasta el profeta Elías, después que este, había derrotado  a 450 profetas de Baal. Aun después de esta hazaña, huyó despavorido frente a una sentencia de muerte que esta mujer decretó sobre el. Suena inexplicable, pero suele suceder, que después de un gran triunfo, viene un proceso de transición. Es obvio que esta mujer era dominada por un poder espiritual siniestro. Esto sumado a su propia maldad, la hacía temible para cualquier adversario. Este perverso espíritu demoníaco es lo que se identifica aun en nuestros días con el nombre de Jezabel. La esencia de la perversión y la seducción.

Cuando no prevalece el Amor, la maldad aumenta.

No es difícil notar en la actualidad que no abundan los buenos sentimientos. Las cosas que suceden a diario y que estremecen a la mayoría así lo demuestran. ¿Es que la humanidad ha perdido las virtudes de una buena convivencia? La falta de respeto y valores en la familia se han diluido. El desacato a toda clase de autoridad es frecuente por doquier. Lo que años anteriores era impensable vivir, hoy es moneda corriente. Personas que reclaman derechos por los cuales no han hecho méritos. Hasta la aparición de una subcultura del delito como aceptable. ¿Es admisible que toda esta conducta nefasta y negativa sea la naturaleza normal del ser humano? Evidentemente no, aquí debe reconocerse una influencia maligna que sutilmente penetra los pensamientos de las personas. Deberíamos reflexionar sobre de dónde vienen los pensamientos que tenemos.

Nadie es impermeable a la seducción.

Máxime cuando la mayoría no percibe cómo funciona e ignora cómo enfrentarla. La mente humana es el mayor campo de batalla que existe. Multitud de pensamientos bullen en el interior de cada persona. ¿Cuales son propios y cuantos introducidos desde el exterior? La gran mayoría cree que todos los pensamientos y emociones son personales. No es así infinidad de los mismos son sugeridos desde el exterior y desconocemos su origen. Lo que vemos, oímos tocamos, degustamos y aun soñamos ¿son esencialmente nuestras percepciones? No estamos preparados para descifrar los dardos con los cuales, los espíritus de las tinieblas seducen nuestra mente. Muchos no todos, inducen al error, falta de humanidad o cometer atrocidades. Tal vez muchos piensen que tales cosas no existen. Pero son tan reales como el aire que respiramos. Cristo afirma que hay alguien en nuestro medio, para matar, robar y destruir.

Seducción. Un ataque directo a la autoridad

¿La Autoridad de quien? La del propio creador. Fue el propio Dios quien definió indefectiblemente los roles al hombre y a la mujer. Cuando llegó el tiempo necesario, el Señor creó de Adán a Eva. Primero Adán y luego a Eva, como su compañera y ayuda idónea. Ya en los comienzos de la creación, ya se manifestó, la acción de este perverso espíritu de seducción. ¿Cuál? El no reconocer e intentar socavar la autoridad del varón. Fue al hombre a quien Dios mando “Del árbol de la Ciencia del bien y el mal, No comerás…” No a Eva, ella aun no había sido creada. Pero fue a ella precisamente que el poder de la seducción eligió para hacerla desobedecer al mandamiento del Señor. Y luego pasar sobre la autoridad de Adán. ¿Para qué consultar a Adán, si yo puedo decidir lo mejor para los dos? Entonces decidió a quien escuchar y luego lo que hacer. Comió lo que no era lícito. Todos sabemos o deberíamos saber lo que pasó después. Porque lo estamos sufriendo todos, gracias a Eva, fundamentalmente.

El sutil susurro de la seducción agiganta la desobediencia.

Lo ocurrido en aquella oportunidad en el Edén, no fue un hecho menor. Llega hasta nuestros días. Fue Cristo el Señor quien ordenó que el Hombre es la cabeza de la Mujer y no al revés. Eso no significa superioridad, sino el orden que Él estableció y asimismo lo realizó sujetándose a su Padre. Hoy vemos que todo lo que el hombre realiza, también lo quiere hacer la mujer. Ya no le interesa ser la ayuda idónea y colaborar, hoy quiere mandar al hombre y competir. Además de mimetizarse con todo lo que el hombre realiza. Si pudieran, creo hasta intentarían mover a Jesús de su lugar. Cuidado también es hombre. Podría comprender a todas las féminas que no son cristianas. Ellas ignoran lo que la palabra dice. Pero las que si dicen creer en Dios, deberían volver a leer releer y estudiar la Biblia. La rebeldía es cómo pecado de idolatría. Y escrito está. Ningún idólatra entrará en el reino de los cielos. Así que Hombres y Mujeres, recuerden el lugar de cada uno. No somos iguales. Dios nos hizo diferentes, para hacer cosas diferentes.