Cuida el camino en que andas y las huellas que dejas

Mensaje del Director:

Cuida el camino en que andas y las huellas que dejas. Nevaba copiosamente fuera de la cabaña y aun dentro el frio calaba los huesos a pesar de la pequeña estufa encendida. Allí vivian Julián, su esposa y su pequeño hijo. Algo perturbaba la tranquilidad del lugar y no se trataba solamente de la temperatura del ambiente. Liliana lo sabía muy bien, estaba acostumbrada al ver el ir y venir de Julián por toda la sala. Conocía el origen del malhumor de su esposo.

¿Vivir libre o esclavizado?

En un momento los pasos de Julián lo llevaron hasta una pequeña alacena donde el guardaba algunas herramientas y otros enseres. Comenzó a revolver entre las cosas buscando una botella que guardaba secretamente allí. Al fin dio con ella, pero al voltearla, por más esfuerzo que hizo no logró encontrar ni una sola gota de licor, sabía muy bien que estaba vacía; pero de todas formas agitaba la botella esperando que aun quedase alguna.

Estuvo a punto de arrojarla contra la pared, pero a último momento se contuvo, no quería sobresaltar a su esposa y al niño, así que volvió a esconderla en el lugar. A continuación, se colocó su abrigo, cubrió su cabeza con un gorro de gruesa lana, sus ojos con unas grandes gafas y sus enormes botas para la nieve junto a unos guantes que su hermano le había regalado en su cumpleaños. Se dirigió entonces decididamente hasta la puerta de la cabaña.

El camino que lleva a la disolución

¿Dónde vas Julián con este tiempo; es necesario le preguntó Liliana? El no quiso ver su mirada de desaprobación así que simplemente le dijo. Voy al pueblo, quédate tranquila vuelvo enseguida. El niño le preguntó con entusiasmo ¿me llevas papi? Noo, le contestó Julián, afuera está muy frio, mejor quédate con tu madre hasta que regrese. Abrió la puerta de la cabaña y salió, tuvo que esforzarse para cerrarla porque afuera el viento arreciaba.

Pero esto poco le importó, necesitaba un trago y no descansaría hasta beberlo y conseguir otra botella para traerla consigo. Sus huellas quedaban marcadas sobre la nieve, pero Julián no se percataba de ellas su preocupación era llegar pronto al despacho de bebidas y volver alegre a su hogar. En una curva del camino, volteó su mirada y le pareció ver una pequeñísima figura saltando sobre la nieve.
Se preguntó que sería aquello mientras continuaba su camino.

Algo que no se debe olvidar

Pero pronto la curiosidad le hizo volver a mirar hacia atrás y nuevamente vio aquella figura ahora un poco más grande según avanzaba a su encuentro. Decidió esperar para ver de qué se trataba aquello. La figura continuaba aumentando de tamaño conforme se acercaba y entonces lo reconoció. Era su propio hijo. ¿Muchacho que es lo que haces aquí? Preguntó asombrado. El chico le respondió alegremente ¡Estoy siguiendo tus huellas Papá!

Ser Padres no es un regalo sino una ¡Hermosa Responsabilidad!

Los padres no solamente deben regocijarse en la paternidad, sino aceptar la enorme responsabilidad de edificar la vida de esa criatura por el camino correcto de la integridad y eso se logra en base al ejemplo de una conducta honesta. Eso es algo que no se transfiere con palabras, simplemente se vive. Haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino. Se lee en Hebreos 12-13. El Apóstol Juan ya anciano decía a su amigo Gayo “No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad” ¿puedes tu papá y mamá decir lo mismo? Recuerda que tus hijos seguirán las huellas que tú has dejado.