Aguardando la promesa bienaventurada y su manifestación gloriosa.

Aguardando la promesa bienaventurada y su manifestación gloriosa.

Mensaje del Director:

Aguardando la promesa bienaventurada y su manifestación gloriosa. Sin duda la pregunta más importante que todo hombre y mujer deberían responder es ¿Qué estoy haciendo con mi vida? No hay una misma etapa definida cuando se encuentra el uso de razón en cada ser humano. Tampoco una respuesta adecuada para quien manifiesta talentos extraordinarios a corta edad. En casi toda época y actividad humana podemos encontrar estas manifestaciones de  prodigios de niños antes de los 10 años. Pero la vida mostrará al término del camino que es más importante el final que el principio. No porque ponga el énfasis en enfocarme en juzgar sino simplemente en la realidad de lo que se va a cosechar. En eso esencialmente debemos reflexionar cada cual en nuestro tránsito vital de existencia terrenal. ¿Nos damos cuenta de que nuestros pensamientos y acciones presentes nos mostrarán el resultado final? Porque llegando a ese punto ya no habrá posibilidad de cambios, sino expectativas sobre algo majestuoso que ocurrirá.

Aguardando la promesa bienaventurada. Trabajando en el surco.

El agricultor sabe que existe una secuencia de cosas que hacer a su debido tiempo para obtener abundantes buenos frutos. No se centra en solamente sembrar una semilla y luego se sienta a esperar el tiempo de la cosecha. Hay un proceso lógico que observar antes de lograr buenos resultados. Primero preparar el terreno donde sembrar, luego escoger la mejor semilla a plantar. Continuar después con las labores de abonar, mantener la humedad del terreno  y eliminar el rastrojo y las malas hierbas. Jesús nos enseña en su palabra cuanto le cuesta a la semilla transformarse en frutos luchando para no ser destruida. Esta es una buena analogía de nuestros días, pese a las mejores intenciones muchas cosas se opondrán en nuestro progreso. Dios no las quitará de nuestro camino pues son necesarias para templar nuestro ánimo y forjar nuestro carácter. Cómo el labriego aprende a resistir enfrentando tempestades y derribar murallas, así el hombre construye su futuro productivo. La alternativa es vencer o la ruina.

Aguardando la promesa bienaventurada. Una mirada al horizonte.

¿En cual de los tres estados se encuentra nuestra visión? Uno de ellos no produce mas rédito que recuerdos y ninguno de ellos puede alterarse. Luego imaginamos el futuro, porque si no hay un deseo profundo de conquistas triunfo y realización, el presente carecerá de motivación. Pregúntate ¿por qué haces las cosas que haces? Llegarás a la conclusión de que siempre será algo que todavía no tienes ni disfrutas. Por eso el pensamiento e imaginación preceden siempre a cualquier realización. Para encontrar algo primero hay que buscarlo y para buscar algo debe conocerse qué es lo que se está buscando. De lo contrario nada se hará y el tiempo (vida) sigue su curso sin detenerse. La gente que mira hacia adelante ve las oportunidades que están siempre latentes y conforme toma acción va cosechando resultados. Los que solamente esperan que algo ocurra o caiga del cielo nada reciben. Por ello Dios siempre habla acerca de lo que viene (profecía) para que cada creyente crezca y actúe en consecuencia.

Aguardando la promesa bienaventurada. Un día interminable de gloria.

El Señor no es un Dios desconocido ni lejano a sus criaturas. Todo pensamiento e intención es vivir en estrecha comunión con cada ser viviente todos los momentos de cada jornada. Fue el ser humano que con sus actos rechazo y desobediencia se alejó de Él. En el Edén la comunión quedó trunca. Pero prometió enviar un Salvador para obtener mediante su sacrificio el perdón para reconciliarnos nuevamente con Él. Consumado su cometido Jesús volvió a los cielos con la promesa de enviarnos un Consolador. Hoy el Espíritu Santo nos sella y nos prepara como Iglesia para el gran día del regreso de Jesús. Él nos llevara a las moradas eternas donde fluye la vida que nunca acabará. ¿Cuándo ocurrirá este maravilloso acontecimiento? Nadie lo sabe solo el Padre, pero una profecía nos puede ayudar. Escrito está que para Dios 1 día es como mil años, así que si desean pueden sacar sus propias cuentas. Recuerden Oseas nos dice «Dios dará vida después de dos días, en el tercer día nos resucitará y viviremos delante de ÉL» Amén.-  ¿Qué estas haciendo con tu vida, para disfrutar de la concreción triunfal de la mayor promesa?

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