No seas incrédulo sino creyente. El que tiene oídos escuche.

No seas incrédulo sino creyente. Qioen tiene oidos escuche.

Mensaje del Director:

No seas incrédulo sino creyente. El que tiene oídos, escuche. Estas dos frases emitidas en dos oportunidades diferentes provinieron de la misma fuente. Lo realmente extraordinario es que después de 2024 años conservan la misma vigencia que al comienzo. Y aún lo tendrán hasta el fin de los tiempos. No son simples comentarios, tampoco advertencias aunque en esencia lo son, sino fundamentalmente dos claros mandamientos. Si se conoce quien los formuló es sin duda para tomarlos muy en serio. Si se desconoce quien las pronunció me alegra poder mencionarlas. Mi sincero deseo es no solo que sepan quien las dijo, sino primariamente que lleguen a conocerlo. No es otra persona que el mismo que habló al principio, Sea la luz y fue la luz. Y continuó expresándose. Y llamó a la luz día y a las tinieblas noche. Cuando su voz se oía, cosas realmente maravillosas y nuevas eran creadas una tras otra. El sexto día creó al primer hombre y luego la primer mujer y vio que era bueno en gran manera. Les otorgó poder sobre lo creado, junto a la magnífica oportunidad de crecer y multiplicarse. Se gozó en lo creado y luego descansó.

No seas incrédulo sino creyente. La soberbia.

Nunca podré entender como los primeros habitantes humanos de la tierra no pudieran razonar con cordura. Si el árbol cuyo conocimiento del bien y del mal les había sido prohibido ¿Cómo pudo Eva determinar lo que era correcto o equivocado hacer; si no conocía el bien y el mal? Podríamos pensar que no poseían gran sabiduría pero resulta lógico que Dios les proveyó de ciertas facultades. Una, la de reconocer una orden y otra respetar a Dios. No imagino una serpiente con dos piernas dos brazos y una cabeza como la nuestra, Sino un reptil que se arrastra sobre la tierra a pesar de que pudiera hablar. Y a esa figura escuchó Eva que la hizo tomar la decisión de ignorar al Creador y comer del fruto prohibido. Desconozco cuanto tiempo la serpíente tentó a Eva, pero si sabía ella quién le había ordenado no tocar el árbol. No tomó en cuenta obedecer a Dios dominada por dos sentimientos destructivos, la soberbia y la ambición de poder. Creyó en ser igual a Dios y ejercer su propia voluntad, lamentablemente Adán acompañó esa decisión. Hasta hoy muchos seres humanos ostentan igual conducta y similares consecuencias.

No seas incrédulo sino creyente. Incredulidad y Anarquía.

Según pasan los años en el mundo recrudece la anarquía en todos los ordenes. Nada parece correcto o legítimo, no existe una única verdad sino muchas, cualquier conducta es aceptable si da dividendos. Todos reclaman por sus derechos pero nadie acepta obligaciones. Da lo mismo estudiar que holgazanear, que trabajar o mendigar. Tener hijos que abortar, casarse o vivir en pareja entre un hombre y una mujer o personas de un mismo sexo. No existen límites, todo es permisible, tanto da vestirse como desvestirse, respetar las reglas que violarlas. Todo este «modus vivendi» se encierra en aquellas dos primeras expresiones humanistas del Génesis. Incredulidad y Soberbia. El ser humano piensa que es la medida de todo cuanto ocurre. Dios no existe según muchos, a lo sumo no se ocupa de las cosas del mundo. Otros manifiestan que si bien existió hoy está muerto. Una tercera clase opina que es temporal y cambia conforme a las necesidades de la época. ¿Jesús? Un buen hombre con muy buenas intenciones, pero no el hijo de Dios. Es más sencillo creer en los astros o el pronóstico del tiempo que en la obra redentora de Jesucristo.

No seas incrédulo sino creyente. La victoria final.

María Magdalena permanecía llorando sin consuelo frente a una tumba vacía, preguntándose que habían hecho con el cuerpo de su Maestro. En un instante una persona se acercó y le preguntó  ¿Mujer por qué lloras, a quien buscas? Ella preguntó temerosa. Si tú lo has llevado, dime donde está y yo lo llevaré. Una voz muy tierna y llena de amor dijo «María» Todo en ella se estremeció de gozo al reconocerlo ¡Maestro!  Este es un testimonio indubitable que muestra que Cristo realmente resucitó. La piedra angular de la fe cristiana. A la noche del mismo día Jesús se presentó ante los discípulos. Pero uno de los 12, Tomás; no se encontraba presente. Por lo tanto no creía en su resurrección si antes no lo veía. Ocho días después regresó Jesús nuevamente, entonces Tomás cayó a sus pies y creyó. «Porque me has visto Tomás creíste, pero más bienaventurados son los que no me han visto pero creen»  La amonestación de Jesús para Tomás es también para toda persona y provee la única oportunidad de la mayor decisión. «No seas incrédulo, sino creyente»  No es necesario agregar algo mas, tu oportunidad aun está a tu alcance. No juegues con el tiempo, porque no sabes el momento de tu partida.

error: Content is protected !!