La Oración de Jabes. Algo que aprender y algo que practicar.

La Oración de Jabes. Algo que aprender y algo que practicar

Mensaje del Director:

La oración de Jabes. Algo que aprender y algo que practicar. ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! En estas sencillas frases Jabes elevó su petición al Dios de Abraham. Parece que hablase consigo mismo o en sus pensamientos, aunque expone una real y profunda necesidad de ayuda. Jabes sin duda poseía una maravillosa capacidad de síntesis. Decir mucho en muy pocas palabras. No conocemos acerca de él;  más que así lo llamó su madre y que era el más ilustre de sus hermanos. Pero realmente eso no es tan importante cómo comprender, la angustia que se encerraba en su ánimo. Cuando cualquier persona solicita algo, ello demuestra la clase de persona que es. Si se pide algo que permita engrandecer su alcance personal permitiendo hacer grandes cosas, vemos la cualidad de tal persona. Comprender cabalmente este principio es fundamental. Nunca podrá alcanzarse algo grande si el pensamiento no guarda relación con ese propósito.

La oración de Jabes. El principio de la dimensión.

Lo que Jabes comprendía era el poder de la persona a quien solicitaba ayuda. No era cualquier persona, ni siquiera el Rey con su limitado poder, sino al Dios omnipotente, capaz de concederla. ¿Cuántas veces se pide algo a alguna persona, pero ésta aún deseándolo no está en condición de concederlo. Nadie pediría una entrevista con el Presidente de la República para preguntarle ¿Su plato preferido? El lugar y la condición de la persona, amerita la clase de solicitud para formularle. Jabes sabía quién tenía el poder y la capacidad de otorgarle su petición. He observado en ocasiones apropiarse del tiempo de una persona por cuestiones de mínima importancia. No pensamos que no somos dueños del tiempo ajeno y sería una muy buena costumbre respetarlo. En el lugar y momento indicados, es razonable acudir en demanda de ayuda y encontrar las mejores respuestas adecuadas. «Todo el que pide; recibe, el que busca, encuentra y al que llama se le abre»  Fe, actitud y constancia hacen resultados maravillosos pero; en concordancia siempre con la voluntad del Altísimo. Con Él muchas cosas, sin Él poquísimas.

La Oración de Jabes. El orden en las prioridades.

En la vida resulta tan errónea la soberbia cómo la falsa humildad. En ocasiones resulta difícil tener conciencia cabal de nuestro verdadero lugar y condición. Se vive en la confusión de pensar que somos más aptos que la media y con más posibilidades que las reales. Es aquí donde comienzan los mayores fracasos olvidando que hay un orden lógico en todas las cosas. Se avanza desde lo pequeño a lo grande y no centrándose primero en el final antes que el principio. Jabes tenía claro en su situación que necesitaba la bendición de Dios. Pero se cuidó muy bien de no querer indicarle a Dios cuál cómo y cuándo recibirla. Esa es potestad del Señor, que sabía realmente lo que necesitaba Jabes aun antes de que abriera su boca. Muchas personas y aun creyentes de años todavía no entienden que no pueden invadir la voluntad de Dios. Él siempre hace lo que quiere cómo quiere y cuando quiere. A ver si le entra eso en la cabeza a más de uno. No es inteligente siquiera pensar en decirle al Todopoderoso cómo hacer las cosas, Él no acepta intromisiones. Ni tampoco podemos limitar el alcance de las bendiciones a la medida de nuestros deseos.

La oración de Jabes. La gracia abundante.

Muchas veces se le ha predicado o en otros ámbitos sugerido a la gente que toda petición debe ser específica. Estoy de acuerdo en cuanto a la forma siempre y cuando se resuma en peticiones estrictamente personales. Pero nadie debería pensar solo en sí mismo independiente del interés general. Permíteme cambiar el lugar de las frases del segundo mandamiento. «Amate a ti mismo como a tu prójimo»  El ser humano vive rodeado de otras personas con idénticas necesidades y deseos que esperan suplir y obtener. Quizás alguien piense solo a nivel personal pero le preguntaría si ¿es suficiente para lograr todo por si mismo? Evidente que necesita del aporte de todos los demás, él único que no necesita de nadie es Dios. Pero el es el primero en dar y compartir. Jabes pensaba en la provisión divina para todas las áreas de su vida. Que aumentara la abundancia de las cosas y alcanzara también a la mayoría. Un detalle no menor, no se dice en la Biblia cómo terminó su oración, no se menciona algo como «Si me das yo te daré» Eso quedó entre Jabes y Dios, pero me llena de gozo el resultado  «Le otorgó Dios lo que pidió» 

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