Soy Cristiano, pero no voy a la Iglesia

Mensaje del Director:

Soy cristiano, pero no voy a la Iglesia. Lo hemos afirmado ya muchas veces y continuaremos haciendolo en las oportunidades que sea necesario. Hasta el punto en que se asuma la verdad. El ser humano en su mayoría actúa con insensatez. Habla enfáticamente de cosas que en realidad no sabe, sino simples suposiciones que ha oído, le enseñaron o cree entender. En un programa de TV pude escuchar a una respetable señora mayor, responder a una pregunta del conductor. Se trataba de un programa de preguntas y respuestas que concedía un premio si se acertaba con las respuestas correctas. Cuando el mencionado conductor consultó a la señora acerca de sus creencias, esta respondió muy segura. Soy cristiana, pero no voy a la iglesia.

Puede pensar como quiera. Pero eso no asegura estar en la verdad.

Sin duda muchas personas acompañaran este comentario y me refiero a personas que “dicen” soy cristiano. Pareciera aparentar ser muy espiritual, pero lamento decirles que tal comentario merece el premio Nóbel del absurdo. Pensemos un poco con el más simple sentido común. ¿Les parece razonable e inteligente que alguien dijese “Voy a ser Odontólogo, pero nunca voy a la Facultad de Odontología” o Licenciado en Filosofía e Historia, pero nunca voy a la Facultad de Humanidades” y tampoco soy autodidacta. Para culminar, por ejemplo “Soy el Pastor de una Iglesia a la que nunca voy” En honor a la verdad, seamos sensastos. Primero reflexionemos en lo que creemos conocer y después en lo que hablamos. Si no estaremos muy cerca de hacer el ridículo y que muchos se equivoquen.

La luz roja indica siempre peligro ¿es inteligente ignorarla?

Conozco a muchas personas de fe, que tienen y demuestran poseer amplia instrucción, pero jamás los vi hacer ostentación. Pero observo con pena y disgusto muy asiduamente a muchos que creen saberlo todo, acerca de todo. La soberbia y la vanidad caminan juntas, pero no son buenas consejeras Una ostenta aparente sabiduría, la otra solo una apariencia engañosa en mostrar lo que no es. Hoy ya no solo se desobedece al evangelio, sino que aún se refuta lo que está escrito. Esto es colocarse a conciencia en el lado peligroso. Con Dios no se puede jugar. Tampoco es crecer en la fe y el conocimiento del Altísimo, desechando lo que predicaron los Profetas y Apóstoles. A la buena señora del relato, Pedro dice, no yo. “No dejando de congregarse como algunos (y algunas) tienen por costumbre.

¿Que es la Iglesia?

Podemos definirla por lo que no es y nos resultará más sencillo entonces, comprender lo que es. En primer lugar no es una creación estrictamente humana. No es un edificio hecho de concreto y ladrillos con un rótulo en el frente. Tampoco fue fundada por la voluntad del hombre. A pesar de que en el cartel que identifica a una denominación alguien se adjudique ser el fundador. Para no hacer demasiado extenso, el significado real de Iglesia podemos afirmar que: El fundador no es otro que el propio Señor Jesucristo y en segundo lugar, es un cuerpo del cual Cristo es su cabeza. Casi siempre se confunde el edificio como Iglesia. No es lo correcto, por cuanto la iglesia es una reunión de personas. Y estas se pueden reunir en cualquier lugar. Un edificio, una casa o al aire libre.

¿Es correcto decir, voy a la Iglesia?

Para formar parte de la misma, una persona debe cumplir ciertos requisitos. Los más esenciales. Primero creer en Jesucristo, luego aceptarlo como su Salvador, a continuación bautizarse en las aguas. Y después congregarse, no quedarse en casa, escuchando la radio, viendo el culto por TV o en Internet. La señora del programa de televisión, puede elegir no ir a la Iglesia, es su decisión. Pero entonces no es cristiana ni forma parte de la misma. Porque el que cree se constituye como parte de la Iglesia, cuando se congrega. Para funcionar como tal, deben convivir los miembros desarrollando cada cual una tarea. Los que ayudan, los que dirigen, los que ministran, etc. Cada cual con su don o talento. El asunto no es ir o no a la Iglesia, sino congregarse. De lo contrario no se tiene parte con Cristo.