Crecimiento Personal Archives

Hacer las cosas bien

Mensaje del Director:

Hacer las cosas bien. Tener en el corazón el supremo deseo de hacer lo bueno. En la mente la voluntad indeclinable de realizarlo. En el espíritu el propósito de la excelencia. Eso haría la vida realmente maravillosa. La dualidad es algo inherente al ser humano. Dos naturalezas antagónicas luchan en nuestro interior. El deseo de hacer lo que está bien o hacer lo que se sabe incorrecto aunque suponga un beneficio. Conocido es el cuento del aborigen Cherokee. En el dos lobos batallan en el interior de cada persona. Uno es en esencia malvado, el otro todo bondad. El niño pregunta a su abuelo ¿Quién de los dos vencerá? El anciano responde. Aquel que tú alimentes. Eso hace una diferencia entre una vida feliz y exitosa o una vida de fracaso y dolor. Aclaramos de paso, el éxito en la vida cristiana, no es idéntico al de una vida sin Dios.

¿Hacemos siempre lo que está bien?

Una hermana en la fe ya mayor, me comentaba acerca ciertos fracasos en la vida sentimental de varias jóvenes. Algunas de mis observaciones pareció molestarla. ya que me respondió con algo de enojo. “A veces las cosas no salen bien; quien va a querer que salga todo mal” Uno de errores radica en pensar que basta un deseo, para que las cosas resulten bien. Pero es con lo que se hace, donde se concreta un buen o desgraciado resultado. El sentimiento o la emoción, no son buenos consejeros a la hora de decidir algo importante. Se necesita utilizar el sentido común y un pensamiento inteligente al abordar cualquier asunto. Cuantos problemas se hubieran evitado, con solo tomar algunos minutos de reflexión. Lo quiero y lo quiero ya, nunca es la mejor decisión, las consecuencias seguirán toda la vida.

¿Está bien crear excesivas expectativas? 

Frecuentemente escucho a padres, amigos y educadores imbuir una idea en la mente de niños adolescentes y jóvenes. No es suficiente hacer lo que te gusta, tienes que ser el mejor. Lamento decirles y no se enojen, que como motivadores están equivocados. No siempre lo que gusta se corresponde con la vocación y habilidades naturales de cada ser humano. Recuerdo a los padres, tener un hijo no es una extensión de cada uno de Uds. sino un ser humano diferente, con gustos y aptitudes propias. Aptitudes gustos y metas personales que hay que respetar. Hoy los medios de comunicación ofrecen a los menores un mundo lleno de posibilidades. Allí el éxito es el nervio motor de cada actividad. ¿A quién no le gusta ser exitoso? Todos quieren serlo, pero poco se habla del costo y de los medios para lograrlo. Deberían preguntarse ¿qué pasa con aquellos que no pueden concretarlo?

¿Está bien comerse el mundo?

Si esa es la meta, es menester recordar que en el mundo estamos todos. Y si solo importa el fin sin tomar en cuenta los medios, es probable terminar pisoteando a los demás. Si además lo primordial es ganar y no importa a que precio, probablemente el ganador no sea el mejor. El peligro de todo esto, es que se colocan exageradas responsabilidades sobre personas que no están preparadas para sobrellevarlas. En otro orden se pasan por alto capacidades y habilidades individuales. Hay muchas cosas que deslumbran a los más jóvenes. El lugar;  que ocupa el poder, la popularidad y el nivel económico, seducen a la mayoría. Pero no todos reúnen la inteligencia, la voluntad, la constancia y el sacrificio necesarios para acceder a esas posiciones. Una gran multitud carga durante toda su vida la frustración de haberlo intentado y nunca lograrlo. Lamentablemente varios no pueden soportarlo y luego desembocan en el suicidio.

Por casa ¿todo bien?

La vida cristiana no está exenta de dificultades. El cristiano como el que no lo es transita por sendas semejantes. No hay rosas sin espinas y camino sin tropiezos durante la dura jornada de vivir. Pero el creyente tiene una clara guía hacia donde debe dirigirse. No tiene necesidad de competir por ser el o la mejor en algo. La palabra expresa con claridad que Jesús dio dones o talentos al hombre. Y place al Espíritu Santo tomar esos dones o talentos y colocarlos en cada creyente como el quiere. Precisamente para que no haya competencia, sino todos y cada uno trabajen para un mismo fin. Lo único que se espera es que cada uno, haga su parte y lo haga bien, para crecimiento del cuerpo. No comprender esta verdad fundamental, es la piedra en el zapato de muchos hermanos, a quienes Satanás infla de soberbia. Ellos se colocan tan arriba que jamás escuchan las palabras de los que tienen a su lado o debajo.

No te canses de hacer el bien.

No te detengas tanto en ti mismo. Piensa como Juan aunque te duela. Es necesario que Él crezca y tu mengues. Que te niegues al menos un poco a ti mismo y cargues lo que se te exige y no lo que quieres cargar. Y definitivamente hagas lo mejor que puedas lo que se te ordena hacer. Si lo haces bendecido serás. Al fin y al cabo no se te pide algo que no puedas hacer. En tal caso no tienes de qué gloriarte. Por último recuerda algo importante, no todos van a estar en tu Iglesia, en tu congregación o tu denominación. Estarán y harán lo que Dios quiera que hagan en el lugar que Él los coloque a su debido tiempo. Es su potestad y no tiene porqué dar explicaciones. Él es Rey de Reyes y Señor de Señores. Merece honra, Gloria y que su nombre sea Santificado. ¿Eres creyente? Sabes lo que tienes que hacer. ¿No lo eres? Es tu oportunidad. Toma tu decisión hoy.

Esperanza ¿donde estas? Tengo Hambre

Mensaje del Director:

Esperanza ¿dónde estás? Tengo Hambre. En el imaginario popular, sobrevuela siempre la siguiente frase. “La esperanza es lo último que se pierde” Pero en el mundo del cristiano, donde Dios ocupa el primer lugar, las cosas son diferentes. Aquí, la esperanza jamás se pierde pues siempre permanece vigente. Es la llama continuamente encendida que ilumina el camino del que cree. Cuando Dios es real en la vida de una persona y no solo un pensamiento, la esperanza revela confianza y dependencia. Es uno de los vértices del triángulo de cual el Pablo nos habla en 1° a los Corintios Cap. 13. Con esperanza se abre un surco en la tierra en la seguridad de que habrá fruto después de la siembra. Muchos de los problemas que llevan al fracaso radica que se realizan muchas cosas sin confiar en el resultado final.

Esperanza de Año Nuevo.

Reemplazar el viejo calendario por uno nuevo, no trae a nuestra vida ningún cambio relevante. Bien dice la palabra “Sin fe es imposible agradar a Dios” pero agreguemos que sin obras todo seguirá igual. ¿Por qué? Porque sin esperanza; no hay voluntad para mover un solo dedo. Es como esperar que un automóvil arranque sin introducir la llave de encendido, mover un cambio y apretar el acelerador. Tanto como sentarse en un taburete, esperando que la vaca de leche pero sin ordeñarla. Es simplemente cuando alguien espera obtener un resultado que siente la necesidad de realizar la acción. Eso siempre va a ocurrir solo cuando hay esperanza de logar algo positivo. Por otro lado hacer algo sin convicción, es como llevar el fracaso a nuestra puerta.

Esperanza, el primer mensaje de este Año.

Olvidemos el año que pasó, se fue y no volverá, pero la historia del presente comienza a escribirse. El fuego sin leña se apaga. Agreguemos unas ramas y soplemos fuerte y con esperanza para que vuelva a arder. Una de las grandes frustraciones de mi vida de predicador, fue cuando  hice una petición a la congregación. El próximo Miércoles dije, traigan donde tomar notas acerca de algo importante que hablaremos. Menudearon hojas cuadernos pequeños libros lapices, bolígrafos y demás. El tema la esperanza, mi frustración fue que nadie escribió ni una sola palabra. La razón, es que todo lo esperaban del predicador, solo escuchaban pasivamente. No se daban cuenta que el predicador solo hace su trabajo, bien o mal. Pero la decisión de practicar lo predicado es tarea del que se escucha el mensaje. Debe sentir hambre por la palabra, hasta que nazca el deseo indeclinable de ponerla por obra, con esperanza. Es así solamente que este año puede ser el primero de los mejores de nuestra vida. Hagámoslo

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