Mensaje Pascual:
El momento de la reconciliación. El costo del perdón. La primer pareja vivía en el mejor lugar de la creación. El Edén era su habitat natural y ambos compartían la comunión cotidiana con Dios. Pero un día la soberbia por un lado y la complacencia por el otro, destruyó dicha comunión. A partir de ahí el perfecto plan de Dios se detuvo. Hoy mucha gente levanta el puño y eleva su cólera al cielo por los desastres que ocurren. ¿Qué tengo yo que ver alegan varios, con lo que hicieron Adán y Eva? Aunque no guste; demasiado. Por cuanto todos los habitantes del planeta, los que vivieron y viven hoy somos sus descendientes. ¿Qué tal con eso? No existe supremacía alguna entre unos y otros a lo sumo diferencia y gracias a Dios por la diferencia. Todos nacemos y morimos de la misma forma, porque de una misma sangre roja venimos al mundo. Necesitábamos que alguien nos liberara de la esclavitud del pecado y nos reconciliara nuevamente con Dios.
El momento de la reconciliación. Un precio de sangre.
La demanda de Dios exigía un precio muy alto, solo alguien sin pecado podía pagar ese precio del perdón. Ese lugar lo ocupó Jesús, el único que podía redimirnos es decir (comprarnos) al precio de su sangre en la cruz Él fue el cordero expiatorio que logró para nosotros volver a estar en paz con Dios. Deseo de todo corazón que esto aclare la mente de muchos que repiten sin sentido y conocimiento «Felices Pascuas» Pero no tienen la más peregrina idea de lo que se trata. Pero estas palabras son un recordatorio también para todo aquel o aquella que se siente muy seguro porque concurre a una Iglesia. Pero ninguna religión, congregación, años de Iglesia, cargos ni Dones te salvará, solo en el nombre de Jesús hay salvación. Él lo dijo » Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» Cómo esto se obtiene por la obra de Jesús no por obras nuestras, es inteligente tomarse un tiempo para reflexionar. Es algo que cada uno debe hacer y resolver.
El momento de la reconciliación. La entrada triunfal.
Cuando Jesús entraba en la ciudad en aquellos días la multitud lo recibía con algarabía. A su paso extendían como alfombra hojas de palmeras y de muchos árboles, mientras clamaban a gran voz .¡¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! Muchos lo hacían fervorosamente por devoción, pero otros como hoy, solo por la emoción del momento. Los mismos que al final de la semana rogaban a Pilatos que lo crucificara y soltara un homicida. Es que mucha gente participa de algo al grito de los demás, no piensa ni reflexiona en lo que hace. Una cosa es la alegría del momento otra la reacción cuando Cristo fue juzgado. Cuando las papas queman se va el compromiso y el amor. ¿Que pasaba por el ánimo de Jesús? Solo Él lo sabe, se dice que en un momento él lloró. En su agonía clamó «Dios mío, Dios mío ¿por qué me has desamparado? Dios no podía ver en su hijo la suciedad del pecado mío tuyo y de la humanidad.
Muy apreciado lector:
Ese fue el precio que Jesús pagó con su vida. Por el pecado de Adán y Eva y consecuentemente por el de todos los demás. Por los que se fueron viven hoy y los que vendrán. Recuerda que hace unos segundos nada más; muchos en el mundo ya han partido. El ser humano es injusto. Muchas veces paga con el olvido y la ingratitud a aquel que le ha hecho un favor. ¿Cómo piensas que hará Dios con aquel o aquella que tiene en poco, el sacrificio de su hijo? Él ocupó nuestro lugar en la cruz, los clavos que traspasaron sus manos y sus pies eran los que nosotros merecíamos. Hoy muchos no lo aprecian y encima lo rechazan, cuando el ofrece la única oportunidad de salvación. Tal vez porque creen ser buenas personas y que por sus obras talentos y «logros» alcanzarán el cielo. Eso nunca ocurrirá. Si en el partido de baloncesto por el campeonato mundial faltando unos segundos cae la pelota en tus manos. ¿Qué harás, tomas tú la responsabilidad de encestar o le cedes la pelota a Michael Jordan? ¿Puedes confiar en que tú ganarás la salvación por ti mismo o confías en Jesús? Piensalo. Cristo jamás falla.
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