Las dos caras de una moneda. Descubre cual representa su valor.

Las dos caras de una moneda. Descubre cual representa su valor.

Mensaje del Director:

Las dos caras de una moneda. Todos hemos visto en múltiples ocasiones, rodar una simple moneda hasta el momento en que se detiene. Cuando permanece en posición vertical, no podemos conocer que imagen se encuentra en cada una de sus caras. Solamente cuando queda en su posición más normal o sea horizontal podemos observar de qué imagen se trata. Y desde luego conoceremos su origen y valor. Pero no deseo hablarles hoy acerca de ese detalle, sino la similitud que encuentro con cada ser humano. A pesar de que muchos intenten autoconvencerse de que no es así, la verdad es que todos tenemos dos caras. Sea dicho esto sin ánimo de ofender a alguien. Pero lo cierto es que en cada uno preexisten dos apariencias. Una la que mostramos ante los demás. La otra la que más conocemos la interna y que casi nunca damos a conocer. No debería ser así, pero nos cuesta demasiado mostrarnos tal cual somos y en lo que pensamos.

Vemos caras, pero no corazones

Esta frase es muy conocida y repetida hasta el cansancio, pero tampoco obedece estrictamente a la verdad. Podemos leer en Jeremías 17-9 que el corazón es engañoso, más que todas las cosas y además perverso. El profeta se pregunta ¿quien lo conocerá? Se refiere al centro mismo de nuestra personalidad, nuestra mente pensante. De ella surgen todos nuestros pensamientos que producen toda acción tangible, buena o mala. ¿Quien de nosotros puede saber que piensa hacer nuestro semejante? Muchas veces el mismo es inconsciente de lo que hará. Y otras se engaña a si mismo creyendo que sabe que es lo mejor. Así como de nuestro corazón salen las manifestaciones y acciones que nos permiten la vida, nuestra mente crea nuestra realidad. Nuestras caras permiten que los demás vean nuestra apariencia exterior, pero no los pensamientos que mantiene nuestra mente. ¿Sinceridad o doblez, bondad o mezquindad? Algo siempre permanece oculto.

¿Puede el creyente tener dos caras?

Hablando honradamente, todos somos seres imperfectos, en realidad digámoslo somos parte de una raza caída, gracias a adán y Eva. Pero eso jamás debe ser un atenuante para nuestra conducta, social o congregacional. Somos y debemos ser responsables de lo que pensamos y hacemos. Tenemos un modelo de vida y un maestro irreprochable. Con nuestras acciones lo exaltamos o lo blasfemamos. Estamos de acuerdo que no todos los que visitan un templo o congregación siguen los preceptos del Evangelio. Pero todos los que honestamente y libremente decidimos  seguir a Jesús, aceptación y bautismo, tenemos un compromiso con Él. Todo cuanto hacemos lo honra o lo afecta, no podemos vivir de cualquier manera y pensar que todo está bien. Muchos no se dan cuenta que su modo de vivir, ha hecho retroceder la influencia de la iglesia de Cristo. Mucho se logra con los testimonios, pero más se ha  perdido por conductas inapropiadas.

Tu cara muestra quien eres y a quien sigues. 

Todos esperan que un príncipe asuma y viva con dignidad su posición. El gobernante ser fiel representante de los derechos de sus votantes. Un maestro no solamente debe enseñar su cátedra sino vivir también de acuerdo a lo que enseña. ¿Cómo deberíamos esperar el desempeño de aquel o aquella que se ha convertido en hijo o hija del Rey de Reyes? Mostrando ante los demás y en cualquier circunstancia de su vida, que su fe no es simplemente una palabra. Que la verdad el amor y el servicio, no son el agregado a su conducta y valores. Sino la esencia entrañable de su modelo de vida. Si deseas ser un buen discípulo, pues honra a tu maestro. Si quieres caminar como un buen hijo, entonces honra a tu padre. Que nuestro rostro muestre ante los que no creen, la paz, tranquilidad y gozo que surge espontáneamente de nuestro interior. Vivamos dignamente conforme a la excelsa majestad de quien nos ha adoptado como hijos. Eso les dirá a todos, quienes somos y porqué le seguimos.

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