El ruido del silencia

Mensaje del Director:

El ruido del silencio. Las avenidas están casi desiertas. Muy pocos transeúntes se ven en las calles a cualquier hora del día o de la noche. El mundo que incesantemente gira y gira en torno al bullicio, el comercio, el trabajo y la diversión, se paralizó de pronto. Hay muy poco ruido. ¿Qué pudo detener el correr de aquí para allá de las mayorías tras su indeclinable afán? Algo a lo que muy pocas veces se le da toda la importancia debida hasta que duele y se pierde. Toda actividad humana solo es posible cuando se tiene, pero cuando se pierde nada se puede hacer. Se llama Salud. Nuestra expectativa de vida está seriamente amenazada y en peligro, por algo que no podemos ver ni tocar. No hace ruido, es cruel y dañino y no hace acepción de personas. Es otro virus que puede ser mortal. Ya no se reduce a una localidad o país, ahora se disemina por todo el mundo. Nadie está libre de ser contaminado. Se acabó, el vivo y hago lo que se me antoja. Ahora tenemos que cuidarnos si o si, de lo contrario nosotros o algún miembro de nuestra familia puede ser historia.

¿Cuál fue la causa del Covid-19?

Nada en la naturaleza ocurre por azar, siempre hay un efecto que produce una consecuencia. Porque no existe una causa sin efecto que la provoque. No quiero caer en lo fácil de buscar culpables, no tengo elementos para definir qué o quién provocó esto. Tampoco me interesa saberlo. ¿qué ganaría con eso?  Absolutamente nada, aunque no ignoro y si de ello estoy plenamente convencido, todos nos equivocamos. Alguien agrede a la naturaleza y ella hará lo necesario para restablecer el equilibrio. No importa cuanto tiempo necesite, porque hay consecuencias que llevarán siglos restablecerlo. Golpee duramente un animal y el se volverá contra el agresor. Perjudique a una persona y ella hará lo posible para vengarse. No se puede vivir de cualquier manera y esperar no recibir la respuesta adecuada. Se recoge lo que se siembra. Esto no es una conclusión religiosa ni una filosofía de vida, es una verdad absoluta de la creación. Crea o no crea, le guste o no, la acepte o no la acepte. Nadie puede cambiarla. Siempre actúa y hará justicia.

Todo es lícito, pero no todo conviene.

Muchas personas viven continuamente quejándose de su mala suerte. Otros se alegran de la buenas cosas que reciben sin esperarlas. Sería bueno reflexionar ¿por qué ocurren unas y otras? y se llegará a una conclusión acertada. Harto estoy de escuchar una mamá, hijo te amo, con un cigarrillo entre los dedos a centímetros de su rostro. Qué del papá que amonesta al hijo que vuelve a casa embriagado, con un vaso de licor en la mano. Las palabras por si mismas no reflejan veracidad ni resultados, si no se apoyan con el ejemplo. Muchas veces los jóvenes no escuchan consejos por cuanto no ven a sus progenitores hacer lo correcto. ¿Con qué autoridad moral se les puede pedir hoy que obedezcan todo cuanto se les ordena hacer? Las lágrimas pueden ser un desahogo luego de una tragedia, pero no cambiarán lo ocurrido. Mejor es pensar qué hacer, antes qué arrepentirse después de hacerlo.

¿Qué viene después?

Incertidumbre es lo que siente la mayoría. Hoy es simplemente un ruido que va aumentando hasta que algo explote. Todos deseamos que pronto desaparezca esta epidemia que nos azota y seguramente pasará. Pero no tengan dudas otras peores se preparan en el horizonte. Jesucristo dijo, que estas cosas son principio de dolores. Y cuando se habla de principio, se sobre entiende que habrá un final. Muchos científicos, quizás con muy buena intención se entremeten con determinadas cosas, que el creador diseñó. De alguna manera están queriendo usurpar el lugar de Dios, modificando aquí y allá la naturaleza de lo creado. En muchos casos con resultados inciertos o nefastos cuyo alcance no podemos prever. Modificar los genes de la materia no la hace mejor sino diferente y también su resultado. Un simple error puede tener catastrófico resultado. ¿Piensan acaso que pueden hacer las cosas mejor que Dios? No son dioses ni se dan cuenta, que como todos, un día se nos recordará por una lápida.

Hoy un ruido, mañana silencio.

Hay una palabra que infunde aliento, también para estas condiciones y es: La Esperanza. Ahora bien la esperanza debe estar bien fundada en algo concreto y real. No es un deseo de la mente o el corazón, sino la certeza de que, lo que se cree, ocurrirá. Nuestra esperanza o bien mi esperanza, está en Jesús. Confío en Él. En post anteriores les comenté cómo me libró de circunstancias muy peligrosas para mi vida y salud. Podemos confiar en sus promesas y pedirle todos los días, líbrame del mal. Lo hará siempre que se le pida con fe. Hoy tú tienes la misma oportunidad. De todas maneras, el ruido continúa. Todo cuanto acontece ahora, tiene un común denominador. No es solamente preocuparse de no ser contaminado, sino vislumbrar que viene después de todo esto. La economía paralizada, el trabajo casi sin actividad, la reclusión  hogareña, las manos sin producir, va a producir hambre. No solamente la que pide el estómago cuando no tiene alimento, sino de  puestos de trabajo, víveres, dinero y seguridad. Solo en Dios podemos confiar. Y por favor no lo culpemos por lo que ocurre, es fruto de nuestras propias decisiones.