Gracia. Un regalo inmerecido. ¿Lo recibiste, lo estás disfrutando?

Gracia. Un regalo inmerecido. ¿lo recoibiste, lo estás disfrutando?

Mensaje del Director:

Gracia. Un regalo inmerecido. ¿Lo recibiste, lo estás disfrutando? Nadie en su sano juicio, rechazaría o perdería la alegría al recibir un obsequio. Pero en la vida ocurren cosas inexplicables, por ejemplo; llorar de alegría o reír en un ataque de nervios. No resulta lógico, pero sucede. Aclaro que no me estoy refiriendo al agradecimiento o a una cualidad del carácter de una persona. Sino a algo que todo creyente debe comprender y saber que ha recibido desde lo alto. Algo que tiene primero que creer y luego todo el derecho de vivir plenamente. No es lo que podemos alcanzar o hacer por nuestros medios, por más esfuerzos que realicemos. Sino un regalo de Dios para todo el que cree en Él. “Por gracia sois salvos y esto no de vosotros, pues es don de Dios Pablo a los Efesios Cap. 2-8” Creo que la mayoría, aun no comprendió la grandeza de lo que ha recibido cuando confió en Jesús. ¿Cómo es posible recibir una extraordinaria noticia y no explotar literalmente  de alegría?

Gracia infinita.

El regalo más inapreciable que todo ser humano puede recibir  gratuitamente es su Salvación. Cuando se asume completamente esta gran verdad. no se puede hacer otra cosa que manifestar gozo todo el tiempo. Pero increíblemente eso no ocurre en medio de muchos cristianos. Nadie en el mundo puede reprimir una alegría, necesita expresarla a los cuatro vientos. Se nota en el rostro, en los ademanes el hablar y en todo cuanto se hace. Pero al parecer, en círculos cristianos han logrado disimular tan bien el gozo, que no se ve por ningún lado. Lo que abunda, es el rostro serio, el ceño fruncido y el dedo acusador. Pero la felicidad no se expresa ni se exterioriza. ¿Cómo es posible que quién cree en la gracia lo oculte tan bien a los incrédulos? Tal vez por ello nos tilden a los cristianos como tristes, pocas veces mostramos la alegría de vivir. Es que creer en la gracia es una cosa. Vivirla es otra. Así lo expresa en la portada de su libro “El Despertar de la Gracia” el Pastor, Maestro y Escritor Chuck Swindoll.

Sonríe con gracia hermano, hermana. Dios te ama.

Me parece que hemos olvidado, que somos examinados todo el tiempo por los que no creen. Que en todo cuanto hacemos somos juzgados. Se busca con lupa nuestros errores y nuestra conducta y hasta se alegran cuando algo no nos resulta bien. Esperan cada caída nuestra como un hermoso día soleado y en esas oportunidades damos una pálida imagen. Enfrentamos la prueba con tan poco ánimo que el rostro avinagrado aleja hasta quienes desearían creer en Jesús. Pero y esto es más lamentable, en medio de nosotros también encontramos perseguidores. Cuando nos ven sonreír y vivir con alegría somos criticados. Todos sin excepción enfrentamos y enfrentaremos dificultades hasta el último día de vida en la tierra. Se nos dijo que habría aflicciones, pero también que con valor las venceríamos. También agregó “Conoceréis la verdad y la verdad los hará libres”  Pero conocer la verdad, no implica, vivir en libertad. Por cuanto para vivir en libertad, es necesaria, la decisión de practicarla.

Gracia que regocija.

Muchas veces desde el púlpito se escuchan palabras que cómo látigo lastiman a las ovejas del Señor y las confunden.¿Por qué repiten una y otra vez que el creyente que no haga la voluntad de Dios, está sentenciado? Acaso alguno de vosotros llamado Apóstol, Obispo, Misionero, Presbítero, Diácono, Evangelista o Predicador ¿hace la voluntad de Dios? Nooo, no podemos. Todos somos pecadores. El UNICO que pudo hacer la voluntad de Dios fue Jesucristo. Él  fue y es sin pecado, por eso pudo pagar el precio por todos nuestros pecados. Los cometidos y los que cometeremos. Nosotros nunca podríamos hacerlo. Eso no significa que podamos vivir de cualquier manera y convertir la gracia de Dios en libertinaje. Pero no seremos salvos por nuestras obras. Así que cuando prediquen, tomen todo el evangelio, no solamente la parte de las obligaciones. Incluyan también el gozo inefable de tener un Salvador que no perderá ni una sola de sus ovejas. Hermanos, Alégrense todos los que confían en Él. Den voces de júbilo para siempre, por que Él nos defiende. En ti nos regocijamos porque amamos tu nombre. ¡Aleluya¡