Trampas que fácilmente, nos roban grandes bendiciones

Trampas que fácilmente nos roban grandes bendiciones

Mensaje del Director:

Trampas que fácilmente, nos roban grandes bendiciones. Cuando niños nos encantaban las travesuras. Todo el día y en toda ocasión esperábamos el momento de hacerlas a nuestros amigos. Nuestros padres y mayores nos llamaban la atención, pero jamás los escuchábamos. Cuando alguna travesura nos enojaba, entonces nos recordaban. No te enojes cuando tú le haces lo mismo a los demás. Si no eres capaz de aceptar bromas entonces no las hagas. Era inútil, sucede que nos gusta gastar bromas, pero nunca que nos la hagan a nosotros. Cuando niños no comprendemos el alcance de las reprimendas. Pero aun creciendo, en ocasiones nunca maduramos y continuamos haciendo lo mismo una y otra vez. Siempre la cosecha va en proporción a la siembra. Lo que haces, te volverá y la piedra que hoy arrojas te golpeará en la frente.

Trampas encubiertas.

Una de ellas y la más común, es culpar a los demás de todo lo malo que nos ha ocurrido y ocurre. Nos han enseñado y hemos aprendido a culpar al enemigo de todas nuestras dificultades. Satanás es sin duda, siniestro, engañador, mentiroso, intrigante, acusador ladrón y además Jesús afirma, que es homicida desde el principio. Culpable de muchas cosas indudablemente, pero no de todas las que sufrimos.  Es hora de comenzar a comprenderlo y hacernos responsables de nuestras actitudes. Varias de las cosas adversas que cosechamos son consecuencias de nuestras propias acciones. Pocas veces nos examinamos a nosotros mismos en lo que hacemos, pese a que Pablo nos enseña a practicarlo.

Trampas que nosotros hemos creado.

¿Por qué prometemos cosas que sabemos que no tenemos la menor intención de cumplir? Mejor sería dice el escritor en Eclesiástes, cerrar la boca y no prometer, antes que hacerlo y después incumplir. Nadie nos obliga a hacerlo en realidad, cuando con pensamientos y palabras nos enlazamos en compromisos que luego olvidamos. ¿Esperamos recibir bendiciones o beneficios cuando procedemos con deslealtad con nuestros semejantes? La palabra nos constriñe a hablar verdad cada uno con nuestros hermanos y semejantes. Cada promesa incumplida, en ocasiones no deja de ser más que una mentira encubierta. Asi fácilmente perdemos la confianza de los demás, cuando creen en nosotros y fallamos provocandoles daños y pérdidas.

El lazo de la Autocomplacencia.

Estamos tan seguros de tener la razón siempre, que jamás meditamos seriamente acerca de lo que escuchamos. Puede el evangelista predicar y el Pastor enseñar con unción, pero es tarea del que escucha, reflexionar acerca del mensaje. No para aceptarlo pasivamente o con desinterés, sino hacerlo como un bocado en la boca, masticarlo bien y luego digerirlo. Cada creyente tiene por costumbre aceptar o rechazar lo que entra en el oído tácitamente, sin estudiarlo después detenidamente. No son palabras al viento sino verdadero alimento espiritual para nuestro intelecto y nuestra alma. Bien decía el Señor, quien conmigo no recoge desparrama. O sea, cómo ejemplo práctico, si el alimento no es digerido por el organismo, el cuerpo luego lo desecha. Para nada es aprovechable.

La trampa más peligrosa, la soberbia.

Bastale al discípulo, ser como su maestro y al siervo como su Señor. Quizás lo que leas no sea de tu agrado. Un pinchazo duele, pero indica que estamos despiertos. El siervo no tiene voluntad propia, sino hace lo que su Señor le indica. Si nos llamamos discípulos, entonces debemos hacer y andar en lo que Jesús anduvo. Nunca hubo en Jesús falta de humildad, jamás él hizo su voluntad. ¿Hacemos nosotros lo mismo? La norma es alta y requiere sacrificio. Quien quiera ser mi discipulo, niéguese a si mismo, tome su cruz y sígame. ¿No es cierto que siempre pensamos en nosotros antes que en el Señor? Qué; de la larga lista de pedidos conque comenzamos todas las mañanas y  que luego llevamos a la iglesia. ¿No repetimos todo el tiempo, Señor te entrego mi vida haz tu voluntad?

Una conducta coherente, sin hacer trampas.

No tomes a la ligera lo que dices frente al Rey de Gloria. Pablo decía, no vivo yo, Cristo vive en Mí. No eran palabras huecas, el entregó su vida por Cristo. Si quieres ser un verdadero discípulo, ve y haz lo mismo. Entregale a Jesús todo, no una parte de tu vida. Dile Señor, hoy pongo en tus manos, mi salud, mi economía, mis deseos, mis aspiraciones, mi familia y mi voluntad. Me despojo de mi para estar lleno de Ti. Esto te dirá si estás en el centro de su voluntad o en la periferia y cuánto confías en Él. No te creas tan importante porque hoy tienes un cargo en la Iglesia. Eso no es un privilegio sino una carga. La sabiduría en la vida cristiana tiene tres pilares fundamentales. Uno confiar otro esperar y en el medio, actuar. Si lo haces hoy la luz de Cristo se verá en tu vida y todos reconocerán a un verdadero discípulo.

 

 

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