Poco pero bien hecho es mejor que mucho a medio hacer.

Poco pero bien hecho es mejor que mucho a medio hacer.

Mensaje del Director:

Poco pero bien hecho es mejor que mucho a medio hacer. Sin duda es muy conocida la frase Hombre o Mujer Orquesta. Aquella persona que asume para si la mayor cantidad de responsabilidades o tareas. Me refiero puntualmente a actividades laborales o sociales, no a las que se desarrollan en el hogar. Aquí las mujeres han sido equipadas naturalmente para hacer muchas cosas a la vez y realizarlas bien. También los hombres tenemos varias tareas en casa, aunque algunas digamos la verdad  las hacemos a regañadientes. Muchas veces se vive y se anda a las corridas sin sentido práctico de realización. En otras ocasiones queremos aparentar que nos interesamos en todo, pero no le hincamos el diente a nada. En definitiva estamos solo «moviéndonos» sin hacer realmente algo efectivo.

Poco parece no tener méritos.

Quizás sea un síndrome adquirido en nuestra primera infancia. Cuando niños queríamos tenerlo todo, juguetes y atención. De aquí la determinación que creemos correcta de querer tener todo bajo control. Lo cierto es que no podemos atender decidir y ocuparnos en hacer todo y pensar que hacemos lo mejor. No se trata tanto de capacidad o inteligencia personal, aunque algunos se destacan más que otros. Sino de que ninguno es perfecto, todos nos equivocamos y eso es un valor agregado negativo en cualquier tarea. Creer o pensar que somos suficientes para todo, es un error que luego cuesta demasiado. Calidad es siempre mejor que cantidad.

¿Poco o demasiado, dónde encontrar equilibrio?

Una de las cosas que más nos cuesta, es cambiar hábitos de conducta. Nos gusta hacer todo a nuestra manera y eso no deja de ser un poco arrogante. Pensamos que nadie puede hacerlo mejor que nosotros y no nos damos cuenta que estamos menospreciando a los demás. Las más de las veces, desconocemos las virtudes y talentos de otras personas puesto que no las conocemos. Tampoco tomamos en cuenta, que esa persona puede ser de gran ayuda y alivio para nuestro desempeño. Nos hemos acostumbrado a querer más, no a disfrutar a fondo de lo poco que tenemos o hacemos. El mundo no gira en torno a nosotros, somos una manifestación más dentro del Universo.

Poco a poco estamos retrocediendo.

Las grandes corporaciones y empresas, tardaron mucho en comprender que delegar era mejor que ahorrar. Que la especialización y funcionar en equipo daba más resultados que un Mandamás y algunos subordinados. Aprendieron que delegar funciones no era perder autoridad, sino eficiencia. Hoy lamentablemente en varias sociedades hemos retrocedido. Se buscan personas capaces de desarrollar varias tareas como forma de abatir costos. Resultado, pérdida de calidad en funciones y productos y repetición de tareas por equivocaciones. En definitiva malos productos mayores costos y pérdidas de ventas, seguido de reducción de personal. Ha sido peor el remedio que la enfermedad.

El método infalible de Dios.

El señor dio a cada ser humano capacidades, talentos o dones. La función es compartir no competir. Cada uno debe aportar lo mejor de sí mismo para el beneficio común y el propio. Y esto es fundamental en cualquier actividad en la vida y mucho más en una congregación. No es normal que algunos pocos hagan todo el trabajo y los demás poco o nada. Entonces cada líder no debe estresarse al punto de arriesgar la salud por querer tener todo bajo control. Conceder a cada miembro el espacio y la tarea para utilizar su talento. Es probable que algunos no quieran asumir responsabilidades, pero otros están deseando tener su oportunidad. Escrito está “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” 1° Corintios 12-7. Esto no es posible realizarlo, si no se les otorga la oportunidad para el servicio y crecimiento.