
Mensaje del Director:
Una guerra constante. Dos naturalezas opuestas. Cuando menciono «naturalezas opuestas» me refiero exclusivamente a la vida de cada creyente en Jesucristo. La historia de cada uno de nosotros está impregnada por causa de cosas que nacieron en el principio de la creación. Nunca alcanzamos a comprender cuanto de lo que realizamos, no solamente nos afecta personalmente sino también a los demás. Créanme no me agrada volver una y otra vez a recordar errores de nuestros antepasados. No eran perfectos como tampoco yo lo soy. Pero es necesario hablar acerca de estas cosas porque acarrean consecuencias grandes y graves. De las cuales es difícil luego escapar. Dios le ordenó a Adán «De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás» Claro como el agua. Eva no me puede responder, pero a la mujer le digo, no se inmiscuyan en las cosas entre Dios y el hombre. Sé que no les va a gustar, pero Uds. no tienen parte en eso. La idea pristina del Señor es que sean «ayuda idónea» no que hablen de más y se entrometan en cosas que no deben. Esa es la verdad.
Una guerra constante. La historia vuevle a repetirse.
Hay episodios en la vida humana que causan escozor, pero es necesario recordarlas por cuanto vemos que se repiten. «Por cuanto escuchaste la voz de tu mujer, maldita será la tierra por tu causa» Opino que el énfasis puesto aquí no se refiere tanto a Eva, sino a no escuchar la voz del propio Dios. Ello suponía una desobediencia voluntaria. Abraham cometió el mismo error que Adán años después. El Señor le habia prometido que tendría un hijo de Sara y en este caso ella también escuchó la promesa. Pero pensó que a causa de su esterilidad y vejez y los años transcurridos no había porqué esperar más. Para Dios no hay nada difícil, no necesita ayuda de nadie, pero Sara ideó un plan y Abraham estuvo de acuerdo. La consecuencia de tal decisión hasta hoy la sufren Israel y la naciones Arabes. Hay cosas que son difíciles de entender en la Biblia, necesitamos ayuda del Espíritu Santo. Pero las palabras directas de Dios son claras y específicas, no admiten dudas. Se cree y se actúa en consecuencia. Nada bueno se logra cuando se contraría la voluntad del Señor. Respetemos su soberanía y sus órdenes, se trata del Creador.
Una guerra constante. La carne y el Espiritu.
La palabra escrita afirma que Ismael es el hijo de la Carne e Isacc el hijo de la promesa. Eso es un cuadro y el fiel reflejo de nuestra propia vida cristiana. Manifiestas son las obras de la carne y el fruto del Espíritu. (Gálatas 5-16 al 23) Ambas se oponen para que nosotros cómo creyentes no podamos hacer lo que deseamos. Eso es una real fuente de problemas que debemos enfrentar día tras día. Cuando aceptamos a Jesús recibimos una nueva naturaleza, pero la vieja naturaleza carnal que nos gobernaba antes, aún permanece. Es nuestra decisión la que establece quien guiará nuestra conducta. no existe otra alternativa. O se vive con y para Dios o el pecado está a la puerta; no hay lugar a concesiones y esto no es sencillo. Cuando hablamos de la carne no nos referimos a la estructura de nuestro cuerpo, que necesita de cuidados y manutención. Sino al molde en que vive el mundo sin privarse de placer ni mantener moralidad o ética. El cristiano debe ser guiado por el Espiritu y no dejarse molderar por las cosas del mundo. Todo es lícito ¿Pero todo conviene? Vívamos de tal forma que seamos realmente más que vencedores.
Una guerra constante. Viviendo en el Espíritu.
Muchas veces los testimonios que se escuchan en congregaciones, programas de radio, internet o redes sociiales, en parte confunden. No porque no sean verídicos sino porque parecen mostrar que todo es sencillo y los resultados felices. Pero no siempre es así ni sucede todo el tiempo. Hay períodos de necesidad, sacrificio tristeza dolor y sequía y no se pueden ocultar. Es hermoso navegar en la cresta de las olas. Pero hay mometos que se cae hasta el fondo y de allí hay que levantarse luego. El Evangelio es fácil de entender, pero no es fácil de vivir en plenitud sin una lucha constante. Dos naturalezas batallan en nuestro interior, necesario alimentar una para que desfallezca la otra. Cada cual debe decidir a cual dará la victoria. Cometiendo los menos errores posibles y aprendiendo a tolerar los que provocan los demás. No hay lugar para timoratos ni indolentes sino para verdaderos guerreros. La eternidad está cercana, pero aun estamos aquí. Continuemos nuestro peregrinar en este tiempo, vislumbrando la promesa. Fijos nuestros ojos en Jesús. Habrán aflicciones de este mundo, pero falta menos para nuestra definitiva salvación.
Muy apreciado lector: En el mundo abundan las distracciones y los placeres, pero quien sabe donde se encuentra el tesoro de su vida, se aleja de ellos. Cuida celosamente lo que ha encontrado. Si estos pocos años que podamos vivir es todo cuanto hay, quizás disfrutar sería lo deseable. Pero existe una promesa cierta y escrita está «Ciertamente vengo en breve» ¿Que respondes tú?
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