¿Humildad o Vanidad, qué domina tu vida?

Humildad o Vanidad ¿Qué domina tu vida?

Mensaje del Director:

¿Humildad o Vanidad, qué domina tu vida? Terminar el año bien, otorga satisfacción. Comenzarlo mejor, otorga tranquilidad. Buena cosa es reflexionar en esto. En cierta ocasión una joven manifestó en su congregación, su deseo de alabar al Señor, mediante el canto. No lo hacía muy bien, pero todos pensaban que lo haría mejor después de practicarlo. De todas formas reconocían, aun los profesionales también cometen errores y equivocaciones. Por lo tanto cuando hubo lugar se le concedió la oportunidad de hacerlo. Una tarde el salón de reunión estaba repleto. La joven subió al estrado y varios dirigentes, líderes y ancianos se mantenían detrás. Ella comenzó a cantar con entusiasmo y la congregación escuchaba en silencio. De pronto comenzó a oír detrás suyo, un clamor que iba en aumento. !Gloria a Dios! Alabado sea el Señor. ¡Aleluya! Bendito sea el Altísimo.

Humildad , virtud poco conocida.

A cada manifestación de alabanza, la joven se esforzaba más y más en su canto. En un momento ya casi no podía contener las lágrimas de emoción y se le dificultaba continuar cantando. Por fin pudo terminar de hacerlo y se disponía a agradecer el apoyo que sentía detrás suyo. Cuando volvió su mirada, su sorpresa no tuvo límites al comprender lo que sucedía en realidad mientras cantaba. En el suelo, el grupo de líderes rodeaba el cuerpo de uno de los ancianos más queridos de la congregación. Mientras varios de ellos lloraban, otros levantaban sus brazos al cielo. Los ojos de los demás, observaban el cuerpo de quien ya había partido a la presencia del Señor. No era su canto lo que produjo el clamor, sino la desaparición física de un fiel siervo de Dios. Carecemos de humildad, esa cualidad que nos permite reconocer que no todo gira alrededor nuestro.

Vanidad es pensar que lo sabes todo.

No seas sabio en tu propia opinión. No te equivoques, el mundo llama a algunos sabios; pero el único en realidad es Jesucristo. Él lo sabe todo luego incluido Salomón; ninguno lo es. Los que viven y creen serlo, no saben hasta cuando lo estarán. Los que se fueron antes tampoco lo sabían. Solo Dios conoce y sabe todas las cosas todo el tiempo. Pensamos a veces que sabemos qué hacer o dominar cualquier situación. Pero no a todos los detalles que se desarrollan en cada circunstancia de nuestra existencia. Creemos que podemos caminar en esta vida, solo apoyados en nuestra experiencia y conocimientos. Los reveses, pérdidas y caídas nos despiertan a una dura realidad y entonces; duele. Nos cuesta comprender el significado de las palabras de Jesús “Sin Mi nada podéis hacer” No se refería a imposibilidad de hacer cosas, sino de hacer lo que vale realmente la pena. Con Él, éxito completo; sin Él inseguridad y tropiezos.

Humildad y Vanidad, jamás caminan juntas.

La vanidad quiere ostentar siempre el primer lugar. La Humildad, todo lo soporta. ¿Puede el ser humano vivir a expensas de otros, no hacer el más mínimo esfuerzo o mentir todo el tiempo? Desde luego, pero así de negativo y corto será el resultado. Todos deseamos vivir una buena vida, pero hacemos las cosas de cualquier manera. Pensamos que haciendo a Dios a un lado, podemos, pero eso no es más que soberbia y vana ilusión. El Señor nos observa todo el tiempo y ve nuestra necedad y todo cuanto hacemos y pensamos. Si creemos ser tan sabios, deberíamos darnos cuenta de ese pequeño gran detalle. Él nos ve cada instante. Tanto la mano que acaricia, como la que se apropia de lo ajeno. La que aborta al niño, como aquella que amamanta el de otra. También quien pierde su trabajo por la envidia de terceros o pone una zancadilla a su prójimo. Nada está oculto para Él.

¿Humildad o Vanidad? Elige.

¡Feliz Año Nuevo! desean muchos, un año más qué importa repiten otros. ¿Qué dice el Señor? “Volveos a Mi y Yo me volveré a vosotros” Esta es promesa de una inmejorable oportunidad. Tan solo con volvernos de nuestras erróneas pisadas y reencontrar el camino al Señor, lograremos el éxito. Él no miente, sus promesas son seguras, sus sendas sencillas, su protección en cada paso. ¿Seguiremos entonces siendo insensatos y perseverantes en la rebeldía? ¿O de una buena vez y por todas reconocemos su soberanía y lo honramos como merece? Nada está perdido si el Señor está en nuestra vida y nosotros en el centro de su santa voluntad. ¿Todavía, piensas que eres sabio? No lo eres, solamente Dios, lo es. Entonces no deposites tu confianza, que tiene promesa de galardón en cualquiera, sea quien fuere. Acepta lo que el Señor te ofrece hoy y vive con seguridad todos los días de tu vida terrenal. Luego obtendrás tu recompensa, una nueva vida que nunca acaba. La mejor promesa de Año Nuevo.