Mensaje del Director:

Reflexiones al comenzar un Nuevo Año

¡Por favor abatir los Pasacalles y las Banderas! En la década de los 60 y 70, se destacaba en mi país un líder político de mucho peso y con una gran elocuencia Wilson Ferreira Aldunate.. Cada acto en que él era el orador principal las multitudes poblaban las calles de la ciudad. Era un gran motivador y una elevada mayoría lo aclamaba ya como el futuro Presidente de la Nación. Por distintas circunstancias no pudo serlo, pero esa ya es otra historia.

En una de esas tantas concentraciones multitudinarias, llegó una noche hasta el barrio donde vivo, la Curva de Maroñas. Desde esa esquina donde se levantaba el estrado, mirando hacia el centro de la ciudad, la gente enfervorizada ocupaba calles y más calles repletas, agitando el aire con sus pasacalles, banderas y carteles de todo tamaño.

El entusiasmo era tal que el presentador del acto enronquecía solicitando la atención de la multitud “Compatriotas nuestro líder desea ver hasta donde se extienden las columnas de los que están presentes esta noche. ¡por favor abatir los pasacalles y las banderas! A cada pedido la gente agitaba cada vez más los pasacalles y las banderas, pero no era eso lo que el presentador solicitaba. Evidentemente, la multitud no entendía de que se trataba y optó por hacer lo que le parecía.

Sencillamente, el hombre pedía que bajaran los pasacalles y las banderas y poder así ver a la multitud. La gente no entendía que la palabra abatir quería decir, bajar, descender o dejar caer, la incomprensión de la multitud fue separar lo que estaba unido. Abatir por a batir y de ahí su reacción. En la vida diaria se llega a creer algo a lo cual se le asigna un significado cuando la realidad es que no se corresponde con la verdad.

¿Cuantas situaciones enojosas que separan personas, parejas y aún matrimonios; ocurren porque alguien comprendió mal o equivocadamente algo que oyó o escuchó y tomó decisiones apresuradas? ¿Cuantas discusiones van subiendo de tono hasta culminar en desenlaces irreversibles? ¿Cuantas veces se destruyen grandes amistades de toda la vida, solo porque alguien, le pareció ver algo que no se ajustaba a lo correcto y abrió la boca a destiempo?

Muchas veces no pensamos en lo que decimos, deberíamos ser más cuidadosos cuando hablamos, pero también las otras personas deberían asegurarse primero de haber comprendido cabalmente antes de reaccionar. A veces todo se reduce a un mal entendido, que la soberbia, la vanidad o el rencor agigantan anulando así toda vía de solución.

Nadie está libre de situaciones adversas, sufrir decepciones, faltas de respeto o consideración, pérdidas, engaño o frustraciones. Procuremos no ser los agentes causantes de esas situaciones, pongamos todo de nuestra parte para actuar con ecuanimidad y equilibrio siempre que exista la posibilidad. Si no es posible quedará siempre la sensación de haber realizado todo cuanto fue posible en aras de una mejor convivencia. ¡Feliz 2017!