No guardes lo que tienes. Alguien lo necesita.

No guardes lo que tienes. Alguien lo necesita

Mensaje del Director:

No guardes lo que tienes. Alguien lo necesita. Richard tiene ya 59 años, piensa más tiempo en el retiro que continuar trabajando. Como todos, vivió aciertos y errores, algunos éxitos y también fracasos como esperanzas concretadas y esperas sin respuestas. A pesar de que somos y pensamos diferentes hay cosas que ineludiblemente terminamos haciendo de la misma manera. Puede ser cualquier objeto que tenemos delante de nuestros ojos lo que nos mueve a tomar decisiones. ¿Lo arrojo al cesto de la basura? porque en realidad no lo necesito. Pero en ese preciso momento surge la duda. Si lo tiro en alguna oportunidad podría sacarme de un apuro, entonces la consabida decisión surge de inmediato; lo guardo. Todos tenemos montañas de cosas guardadas que nunca utilizamos. El tiempo pasa sobre ellas al punto de olvidarlas y correr a la ferretería cercana a la primera oportunidad. Así vamos guardando cosas en nuestra vida que no producen ninguna utilidad para nosotros ni para los demás. Eso que amontonamos sin usar, sería una estupenda solución para alguien además de un gran beneficio personal.

No guardes lo que tienes. Algo más que información.

Somos en esencia personas proclives primero a consumir luego poseer y después retener para finalmente conservar. La mayoría de la humanidad acorta la felicidad de su vida por no dar la importancia debida a cosas que considera de poco interés. Quizás no alcanzamos a comprender que esas cosas a las que damos poca atención terminan por ser realmente importantes. Para cada problema es factible que haya varias excelentes soluciones. Pero esa información es muy probable que haya quedado registrada en un rincón de nuestra memoria. A no ser que la necesitemos para resolver un asunto personal poco y nada haremos por recordarla. Podemos estar rodeados de muchas personas pero la mayor parte solo estamos centrados en nosotros mismos. Está escrito, «El que sabe hacer lo bueno y no lo hace, no se le cuenta como olvido sino como transgresión» Porque también está escrito «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» Respecto del vecino que no nos cae bien, como el que pasa por la esquina. Tanto, como el que duerme en la acera. Se que muchos conforme se multiplica la maldad su amor se enfría, pero el mandamiento no cambió.

No guardes lo que tienes. Por favor; habla.

En varias oportunidades, he ministrado en bautismos, ceremonia de matrimonios, orar por enfermos y también en velorios. En estas circunstancias he escuchado como seguramente tu lo has hecho, frases en medio del dolor y el llanto. Palabras que el cuerpo inerte ya no puede escuchar. No juzgo lo que la gente hace ni porqué lo hace, si pienso siempre por qué no se expresan cuando la persona aun vive. Cuánto cuesta decir te amo más de una vez o el abrazo apretado cuando la tristeza inunda el alma. Cierto que muchas veces es mejor mantener la boca cerrada y no lo hacemos. Pero callamos cuando sería muy necesario y alentador expresar nuestros sentimiento en palabras audibles. Hoy  hablo sobre esto para que cambiemos nuestras actitudes cuando abundan las oportunidades para hacerlo. ¿Que valor tiene que alguien me aprecie si jamás me lo dice? ¿Qué alegría puede experimentar una persona que tú amas si ella no lo sabe? Podemos herir con palabras y comentarios negativos, pero guardamos la expresión de nuestros mejores sentimientos. Demostremos cosas con hechos tangibles, pero no neguemos el valor de las palabras.

No guardes lo que tienes. Bendiciones de la gratitud.

Pocas veces meditamos en las cosas que recibimos sin que hayamos hecho algo para obtenerlas. Aunque lo he repetido en anteriores publicaciones, por lo que obtenemos gratuitamente alguien tuvo que asumir un costo antes. Todo en la vida tiene un precio, no hay efecto sin causa ni obra sin esfuerzo. Entre tantas cosas que pasamos por alto u olvidamos y que no cuesta gran cosa expresar se encuentra; el agradecimiento. No es común ni frecuente escuchar o decir ¡gracias! Pagamos altos precios por cosas que no lo valen y retaceamos agradecer cuando algo recibimos. «Quizás» porque damos valor a lo que cuesta y despreciamos a lo que en apariencia no tiene valor. Pero si lo tiene y en gran manera. Hoy voy a decirte que eso es una terrible equivocación y una de las primeras causas para no recibir lo que ardientemente deseamos. No es una virtud personal cómo muchos admiten, sino un gran mandamiento. «Dad gracias en todo, porque esa es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús» Esto no establece ninguna diferencia entre lo bueno o malo, agradable o desagradable grande o pequeño. ¡Gracias por todo!

Una saludable sugerencia.

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