Como en los días de Noé. Son los días del fin.

Como en los días de Noé. Son los días del fin.

Mensaje del Director:

Como en los días de Noé. Son los días del fin. Pese a experimentar todos los días en cualquier época de la humanidad, aún no comprendimos como vivir en la verdad. Que no es suficiente la mejor y más excelente intención, para que las cosas funcionen. Cuando nadie tiene en su corazón el íntimo deseo de colaborar para que eso sea posible. Lo sabe la mamá que intenta ordenar su casa del desorden en que la dejan. Lo sufre el Supervisor que distribuye el trabajo diario,  pero ve aumentar los problemas pero no las tareas realizadas. Lo nota el Inspector del tránsito cuando llama la atención de un automovilista que no respeta las ordenanzas. Lo siente el Médico cuando cuando rascando su cabeza, insiste en un tratamiento que el paciente no quiere seguir. Sería más sencillo hacer lo que a cada uno le corresponde, pero siempre parece más fácil complicarlo. Eso si; luego esperamos que todo nos salga a la perfección, algo imposible en la práctica. ¿Cierto o no?

Como en los días de Noé. Días de Frustración.

Cierto muchas veces las cosas no salen como deseamos y no por nuestras acciones personales. Somos como el navío en aguas tempestuosas. Es muy difícil estar preparados para algo que desconocemos, pero es imprescindible prestar atención a lo que se vive. Cuando en el cielo vemos negros y espesos nubarrones es porque amenaza con lluvia, aún así siempre nos mojamos. Noé vivió esos días de injusticia, dolor violencia corrupción y desenfreno. Tiempos como los que lamentablemente nos estamos acostumbrando a padecer hoy. Las cosas que ocurren jornada a jornada son terribles, pero a fuerza de verlas contiguamente, ya no provocan reacciones. Noé construía el Arca pacientemente mientras sus semejantes se burlaban de el. ¿Estás cansado de tu vivienda Noé, necesitas otra más grande? El actuaba en función de la orden de Dios, de igual manera que nosotros conforme al llamado lo hacemos. También recibimos burlas e insultos, mientras el final está cercano.

Como en los días de Noé. Señales que no atendemos.

Cuando el Covid-19 azotó la humanidad, la gente sintió verdadero pánico. Entre las muchas cosas que eso provocó fue que hizo que muchas personas. se volvieran a leer las escrituras. Pese a que el Covid-19 no desapareció solo algunos efectos se atenuaron, las mascarillas el miedo y leer se olvidaron. Pero aumentaron los desastres las enfermedades, las hambrunas, la pobreza, la inseguridad, los terremotos y las guerras. No son algo nuevo hace mucho tiempo que vienen sucediéndose, pero la humanidad está en otras cosas. Las marchas de protestas se multiplican, pero el corazón de las personas continúa inclinado hacia el mal. Las causas por las cuales Dios destruyo a la humanidad antigua son las mismas que se viven hoy. «pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos» Dios no lo desea, lo profetizó.

Como en los días de Noé. La destrucción.

Noé concluyó su tarea. La Arca esta lista y dentro todo lo que Dios le indicó que colocara. Cerró la ventana que lo comunicaba con el exterior, pero no la puerta de entrada. Esa la reservó Dios para cerrarla el mismo. Entonces tranquilamente se sentó Noé junto a su familia esperando el tiempo de Dios. Fuera se escuchaban atenuadas algunas risotadas y bromas. Pero en un momento comenzaron a escuchar un sonido desconocido que iba en aumento conforme el tiempo transcurría. Fueron las primeras gotas que luego se transformaron en un diluvio. Fuera ya no se escuchaban ni risas ni bromas, sino unos grandes golpes en la puerta del Arca. Gritos de angustia y desesperación atronaban, el aire. «ABRE LA PUERTA Noé, ABRE; POR FAVOR, ABREEEE»  Dentro la voz de Noé repetía no puedo, no puedo abrirla; Dios la cerró desde afuera. Poco a poco los golpes los gritos las súplicas y desgarradores llantos fueron disminuyendo hasta desaparecer.

Cómo edn los días de Noé.

¿Me permites un minuto?

No es imaginable el dolor y desesperación de la gente de aquel tiempo, tampoco para mi escribir sobre ello y pensar el lo que viene. Créeme: tampoco lo es para Jesucristo que sufrió el calvario y la muerte en un madero para qué nadie lo padezca. «El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» 2° Pedro 3:9.  No se necesita ser muy inteligente en cuanto a esto, escrito está.  Todo pecado puede ser perdonado, menos aquel que ofende al Espíritu Santo. Ese pecado no tiene ni tendrá perdón. Y todo aquel que ofende la Santidad de Dios, lo rechaza con obstinación y no da valor al sacrificio de Jesús. Porque nuestra Arca es Jesús, estamos seguros y a salvo en ÉL  Toma tu decisión hoy y si lo deseas, me gustaría saber cómo piensas. ¿Me lo comentas?

 

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