Responsabilidad. Algo que debe ser personal y compartida por todos.

 La responsabilidad debe ser compartida por todos

Mensaje del Director:

Responsabilidad, algo que debe ser personal y compartida por todos. El capitán  de un barco debe mantener la estructura del navío, el buen funcionamiento y el orden del mismo. También la disciplina y eficiencia de la tripulación y la carga que lleva en sus bodegas. Tanto como surcar los mares respetando el derecho de los demás a transitar por las mismas aguas. Cómo en el menor tiempo posible arribar a su destino. Pero debe contar con la lealtad y eficiencia de los subordinados. Juntos forman un equipo. Existe también algo más que hace a la seguridad de cualquier navío. Es el hecho de que es la nave  la que debe permanecer sobre las aguas. No que el agua se introduzca en la nave y para que ello sea posible todos deben contribuir. No basta con solo la responsabilidad del Capitán. Cada uno de los tripulantes debe ser responsable con su función específica.

Responsabilidad para llegar a destino pese a los escollos.

La Iglesia del Señor navega en el mar del tiempo sobre aguas tempestuosas y extrañas a su naturaleza. Debe soportar inclemencias de todo tipo. Sortear innumerables obstáculos que intentan a cada instante no solo detener su movimiento. Sino hundirla en las profundidades de la división, el rechazo, la persecución y las deserciones. Pero así lo ha hecho a través de los tiempos. Y así continuará hasta el día en que el Señor se la lleve de este mundo al que no pertenece. Desde luego su arduo trajinar no ha sido sin heridas e innumerables pérdidas. Muchos de sus miembros como en las historias mitológicas han sido fascinados por los cantos de sirena del mundo. No cuidaron sus oídos de las seductoras y engañosas voces. Como tampoco su mirada que hace arder el deseo de poseer. Cosas que los ojos jamás se cansan de mirar y el corazón codiciar. Al punto de hacer olvidar su devoción, sus votos y la fe.

Responsabilidad. La fidelidad a un compromiso.

Tan sencillo es prometer determinadas cosas, que la mayoría lo hace sin la convicción y compromiso de cumplir. A los 15 años obtuve por concurso un trabajo en una gran compañía, General Electric. Mis compañeros reafirmaron algo que había aprendido en mi hogar. Que la palabra empeñada es un compromiso. Actualmente ya no es igual, aún en las cosas de Dios. Cuantos han vuelto la espalda a quien los había rescatado de la ruina física y moral. Sanado sus heridas y soplado en su corazón aliento de esperanza y alegría. Pero se dejaron atrapar nuevamente por su antigua manera de vivir. Qué inútil es lavar perfumar  e intentar cambiar la naturaleza de un cerdo, él solo busca regodearse en el barro. Muchos cristianos de cartón, hoy día lucen un nuevo traje, pero solo para cubrir su vieja naturaleza. En su corazón persiste aún la ingratitud y las antiguas y desordenadas pasiones.

Responsabilidad en la Unanimidad

En la antigüedad doce hombres, algunos sin logros académicos, conmovieron por su valor y convicciones el mundo en que vivían. No se dejaron amoldar ni intimidar, ardía en ellos un fuego que nadie podía apagar y ningún poder para hacerlos callar. Su fuerza; la unanimidad, eran todos de un mismo sentir, una misma fe y un mismo espíritu. En la actualidad existen en el mundo entero miles de congregaciones diferentes intentando marcar presencia ¿pero dónde está el poder de su fe? Como el barco cuyo casco averiado está dejando penetrar el agua en su interior están muchas congregaciones actuales. No son impermeables y el mar amenaza con hundirlas en las profundidades del desaliento. Iglesias con poder fueron inundadas por las turbias aguas de la modernidad de los últimos tiempos. Adoptando costumbres mundanas, esclavizándose con los celulares, la moda y las redes sociales. Prestando oídos a cualquier medio de comunicación y adoptando las leyes del marketing.

Aumenta el olvido, pero también crece el temor

¿Se está convirtiendo el mundo de hoy al cristianismo? NOOOO…  Por algo nuestro amado Salvador lo pregunta al final de la parábola de la viuda y el juez injusto. “pero cuando venga el Hijo del Hombre ¿hallará fe en la tierra? Cierro los ojos y por la fe, veo la profunda tristeza en el rostro de Jesús. Tanta humillación, angustia castigo y sangre derramada a lo que no se le da el justo valor. Eso exime de toda especulación, está escrito, solo me remito a las últimas palabras de la revelación del Señor a su siervo Juan “Y decían a los montes y a las peñas. Caed sobre nosotros y escondednos”  Como si los montes y las peñas, pudiesen oír, compadecerse y de alguna manera, solucionar algo. !Qué irresponsables! La única y real solución es la respónsabilidad personal. Es impostergable asumirla y  de prisa porque Jesús; vuelve… y pronto.

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