Latidos de un corazón arrepentido. Crisol de renovación.

Latidos de un corazón arrepentido.

Mensaje del Director:

Latidos de un corazón arrepentido. En la vida todo ser humano ha provocado o recibido hechos que han afligido su existencia. Desde el niño hasta el anciano no hay nadie que no halla tenido en su corazón una desagradable sensación de culpa. ¿Cómo se puede ignorar el mal infligido a alguien o a sí mismo? Lo podemos minimizar, ocultar, no darle importancia o intentar olvidarlo. Pero volverá una y otra vez a golpear duramente nuestra conciencia el recuerdo del mismo. No podemos atenuar los hechos con medias palabras o negar su importancia. La culpa estará allí como telón de fondo en nuestra vida, no va a desaparecer mágicamente. Solo existe un camino para solucionarlo y no es sencillo asumirlo, cuesta demasiado. Tanto que una gran mayoría transita su vida con esa pesada carga.

Latidos de remordimiento.

Excepto el lamentable caso de una persona que haya perdido el uso de razón, todos soportamos el peso del error. Tanto si hemos cometido algo mal, como si hemos dejado de hacer lo correcto. Lo peor de sentir remordimiento es que siempre se trata de algo ocurrido en el pasado. Al recordar estos hechos el tiempo va modificando el motivo de lo ocurrido y eso como una bola de nieve continuará creciendo. Al punto de volverse insoportable para la persona y constituirse en un panorama difícil de reparar.  Pocas veces se cambia, modifica o repara algo que ocurrió hace mucho tiempo atrás. Este sentimiento puede bloquear a la persona que lo sufre y llevarlo a soluciones o decisiones desesperadas. Definitivamente el remordimiento nada bueno depara para quien lo padece.

Latidos de arrepentimiento.

Contrariamente al remordimiento, aquí la persona reconoce haber actuado mal u omitido hacer el bien y se decide a cambiar. Es una enorme y gran oportunidad personal de resolver las cosas definitivamente. Rencontrar la tranquilidad y la paz aunque no todo resulte en la mejor forma. Judas es un ejemplo de trasgresión y falta de integridad. Su actitud fue el corolario de su traición por 30 monedas que comenzó cuando sustraída dinero de la bolsa. Claro que lloró, se compungió y le remordió la conciencia cuando vio que su acto llevó a Jesús a la cruz. Pero aun allí podía arrojarse a los pies del maestro y rogarle el perdón por su momento de locura. Jesús lo habría perdonado. No tuvo el valor de arrepentirse como el ladrón que estaba crucificado con Jesús y fue salvo. Optó por suicidarse y condenarse por toda la eternidad.

Latidos del corazón frente a la tentación.

Hermanos y amigos, ser tentados no es pecado. Si hasta el mismo Jesús fue tentado aunque jamás pecó ¿piensan que nosotros no lo seremos? Pues si, en cualquier momento lugar y en toda forma posible, seguramente en nuestro lado más vulnerable. La palabra dice que Quien quiera estar firme mire que no caiga. Pero grandes hombres de Dios han tropezado y caído. Abraham el padre de la fe no dijo toda la verdad al Faraon en cuanto a Sara. Tampoco esperó el momento de Dios para el nacimiento de Isac y así nació un pueblo enemigo de Israel. ¿Qué de David y su adulerio con Betsabé y la muerte de Urías? Ambos alcanzaron el perdón pues se arrepintieron de su pecado. ¿Será el tuyo un corazón arrepentido antes del último latido? Jesús continuará esperando hasta ese momento si fuere necesario. Pero es mejor que no lo hagas esperar. ¡HOY! puedes arrepentirte.