Mensaje del Director
Regresaba a mi hogar del supermercado exactamente a mediodía cuando alguien sentado en la acera, extendió su mano para saludarme mientras preguntaba ¿no le sobra una chapita? Esa chapita se refería a una moneda que era lo que él estaba solicitando y esperaba recibir de mi parte. Veo a esta persona casi todos los días recorriendo las calles buscando el sustento. Es una figura conocida y ya tradicional en la ciudad, la del cuidacoches, un oficio creado en el aula de la necesidad. Es un personaje bastante amable y saluda siempre a toda persona con la cual se cruza.
Un humilde servidor
No suele pedir ayuda aunque acepta voluntariamente lo que alguien le alcanza al retirar su vehículo del lugar donde estaba estacionado. Evidentemente ese día nada había recibido todavía y eso le impulsó a detenerme. Correspondí a su saludo y confieso que estuve a punto de continuar después mi camino sin entregarle nada a cambio. Caminé dos pasos y no pude continuar; algo me detuvo, introduje mi mano en un bolsillo saqué de allí la primera moneda que encontré y se la extendí mientras le respondía “En realidad no sobra nada, pero si esto te ayuda” Me obsequió con muchas gracias y me retiré de allí.
Una Voz interior
Quiero dejar bien en claro que mi actitud no fue un hecho fruto del razonamiento, porque no tuve tiempo de pensar una respuesta o decidir qué hacer en ese momento; pero todo aquel que cree en Jesús y yo creo; sabe muy bien lo que es correcto o de donde procede esa suave voz que nos impulsa a hacer lo debido cuando parece que lo olvidamos. Más tarde ya en mi hogar, recordé el hecho y me maravillé al reflexionar en los detalles de lo ocurrido.
La Viuda rica
Vino a mi mente la parábola de Jesús con respecto a la ofrendas de la viuda y de los demás aquel día en la sinagoga. Estos daban abundantemente de lo que les sobraba y lo hacían con alarde de generosidad, pero a la viuda del relato nada le sobraba; no obstante pudo y dio más que los demás; todo lo que tenía. Ello agradó a los ojos de Jesús. ¿Por qué a veces somos tan mezquinos con nuestros semejantes? ¿Cuando realizamos algo lo hacemos con sincera bondad o para pasar factura luego y que nos agradezcan el favor?
Hagamos siempre lo mejor
No hay mérito alguno en dar lo que nada nos cuesta o ya no nos presta utilidad, constituye un agravio para cualquier ser humano recibir algo que para nosotros tiene poco o ningún valor ya. Cuando sintamos el deseo de dar o hacer algo por alguien, que sea algo que realmente queremos conservar con nosotros por que lo consideramos de gran valor, pero preferimos despojarnos de ello como muestra de nuestra simpatía, buena voluntad y amor por nuestro semejante.
No nos conformemos con hacer solo lo bueno; hagamos siempre lo mejor