Mensaje del Director:
Soberbia. El exceso desmedido de la valoración personal. Un hombre poderoso de la antiguedad se regocijaba, paseando sobre los balcones de su palacio real en Babilonia. Al observar la grandeza de la ciudad en la cual era el rey, no pudo ocultar su orgullo. Entonces expresó su pensamiento en voz alta “¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué con la fuerza de mi poder y para gloria de mi majestad?” El relato bíblico cuenta que aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando se oyó una voz grandiosa.
Soberbia. El principio de la caída.
A ti se te dice rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti y de entre los hombres te arrojarán. Habitarás con las bestias del campo y como ellas te alimentarás. Hasta que reconozcas que el Altísimo tiene todo el dominio y a quién quiere lo da. En ese mismo instante el palacio se transformó en pradera y los manjares deliciosos en las hierbas del campo. Pasaron largos siete años de humillación sobre este rey. Hasta que el mismo reconoció. Elevé mis ojos hacia el cielo y mi razón me fue devuelta.
¿Soberbia, solo un defecto del carácter?
La palabra nos permite comprender que la soberbia no es cómo podríamos pensar solamente un defecto del carácter. Sino algo mucho más delicado. Es como pérdida de la razón, una falta de cordura. Y esto hace que sea más difícil que quien la posee pueda reconocerla como tal. Todos creemos y nos definimos como personas que solemos siempre, tener y hacer uso de razón. Por ello resulta hasta sencillo actuar en consecuencia.
Soberbia en un Siervo del Señor.
En una ocasión despedimos un querido Pastor que volvía a su país luego de permanecer algún tiempo entre nosotros. Es un hombre de Dios que el Señor ha usado de una forma extraordinaria en muchos países. Mientras departíamos nos comentaba algunas experiencias de su ministerio y en un momento su rostro se tornó serio. Fue cuando nos dijo ¡Cuidado con caer en la soberbia! Porque después que se cae en ella agregó; nadie por si mismo puede liberarse. Solamente la misericordia de Dios. Lo sé por experiencia, porque me pasó a mí, balbució a punto de quebrarse.
Una exaltación y una caída
En un país africano él oró por un niño que tenía una pierna extrañamente doblada. Conforme lo hacía poco a poco en forma milagrosa, la pierna del niño fue enderezándose hasta quedar perfectamente normal. A partir de ahí me creí un superhombre nos confesó, pero luego de ese milagro la unción me abandonó. Me costó luego años de sufrimientos, suplicas y lágrimas para que Dios me perdonara. Pero nada volvió a ser como antes.
Escrito está ¡Cielo y Tierra pasarán pero no mi palabra!
Es que la palabra de Dios se cumple inexorablemente. Exalta los humildes y humilla a los soberbios. Cada día que pasa noto que la humildad desaparece, pero la vanidad y la exaltación sobreabunda en el mundo. Incluso en los círculos cristianos evangélicos. Muchos viven una fe equivocada. Creen que sus oraciones son infalibles, al punto de que no parecen ellos ser siervos de Dios. Sino Dios el siervo de ellos. Cuando existe una dificultad, piensan que fue su oración y no el poder y misericordia del Señor
Es el Omnipotente quien opera
Otros parecen olvidar que es el Espíritu Santo quien reparte cómo Él quiere y a quién quiere. Es triste ver el vano intento de competir uno con el otro a ver quién obtiene al parecer mejores resultados. Se envanecen al no tomar en cuenta la fuente del poder. Otros afirman con soberbia «si yo no predico entonces la gente no viene.» O sea, Dios ya no suma los que han de ser salvos, son ciertas personas quienes actualmente realizan el trabajo.
Soberbia, causa de confusión
No resulta tan difícil comprender por qué muchos se enfrían y otros corren de aquí para allá. Aumenta la apostasía y varios vuelven la espalda, aunque tal cosa no se justifica. Dios no ha cambiado sigue siendo el mismo. Sucede que antes del quebrantamiento es la soberbia. Y antes de la caída la altivez de espíritu, y eso es algo que obtiene el hombre por su transgresión. No culpa de Dios. Así que definitivamente quién quiera estar firme, procure no caer y asirse de Jesús.
