Palabras del director:
La empatía, valor recibido o algo que cultivar. En la vida, todo ser humano no nace con sentido responsable, sino de necesidad. La criatura luego del primer suspiro comienza a llorar y lo hará cuantas veces sea necesario para ser atendido. No tengo todas las respuestas en cuanto al porqué un niño aprende a tocar el piano a los 6 años y a los 10 compone un tema musical. Ni tampoco el por qué un joven a los 20 llena su vida con vicios, un tema que tiene varias causalidades. En una buena medida cada padre y cada madre incide en la formación de sus hijos. Sea por herencia genética y la convivencia en el hogar ellas determinan parte de su conducta futura. Esta huella profunda en el caraçter de cada persona, después le resulta muy dificil procesar y cambiar. Cuando cumplía labores pastorales recibía a muchas madres que solicitaban ayuda por problemas con sus hijos. Lo más comun; no puedo con la vida de mi hijo o hija ¿podría Ud. hablar con el o con ella? Mi respuesta era casi siempre la misma. Hemos hablado de sus hijos, ahora desearía hablar un poco de cómo es la suya, Casi siempre un largo suspiro se escuchaba.
La empatía. Cada cuál puede aprender.
No se trata de buscar en el diccionario qué significa esa palabra, eso es muy sencillo. Sino compreder si nuestra vida refleja esa condición. Algo que se hace no que se conoce. Muchas personas se ocupan sinceramente en el bienestar de su familia y amigos. Pero ello no es suficiente para cumplir con el requisito. Otras personas desarrollan solidariamente una función social magnífica, pero alcanzan a solo un grupo de personas. Muchos ostentan muy buenas intenciones pero quedan solamente en eso, intenciones. No tomes esto cómo acusar o juzgar, en realidad solo una persona cumple totalmente con esa condición. Me gozo en conocerlo cada día más y en darlo a conocer. Agradecerle que me llamó a ser parte del grupo que cada día es mayor, de discípulos o aprendices de Él. Esa es la esencia pristina de todo aquel que aceptó a Jesús como su salvador. Ahí comenzamos a crecer en la gracia y conocimiento acerca de él y contínuaremos hasta el día de la eternidad. Todo lo hizo hermoso hace tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón, sin que alcancemos a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio.
La empatía. Desaprender para aprender.
No existe un obstáculo mayor para desarrollarse como persona que la altanería. Siempre se ha repetido la frase, nadie nace sabiendo ¿no es cierto? Bien no todo es tan absoluto. Quién ha tenido un niño en su hogar ha comprobado, que siempre sabe qué hacer para llamar la atención. Nadie se lo ha enseñado, pero el o ella se da maña para hacerse notar. Con el correr de los años, cada progenitor debe ensenarle cómo comportarse, ardua tarea no 100% realizable. Por lo tanto esa conducta casi tiránica debe ser reemplazada por otra más sociable. Es muy difícil olvidarse conscientemente de lo innato, a fuerza de golpes se aprende a tranzar. Nadie puede hacer lo que quiere a lo sumo, lo que puede o le permiten hacer. En la disyuntiva de acierto u error vamos creciendo. Sócrates pudo decir «Solo sé que no se nada» Muchos toman esa frase con liviandad para alegar ignorancia sobre cierto asunto. La verdad es que solo el que mucho sabe, es quien se da cuenta de lo que le falta conocer. Demasiadas cosas que antes se daban como absolutas, un nuevo conocimiento las ha transformado en obsoletas. Desaprender para aprender.
La empatía. Un corazón como el suyo.
Según Esclesiástes 3-11, Dios colocó en cada ser humano una forma determinada cuyo tamaño y condición solo Él conoce. Esa forma no puede ser ocupada por ningún conocimiento humano. Es Dios a través de Jesucristo quien comienza a llenar esa forma de contenido, nadie más puede hacerlo, solo Él. Es ahí precisamente donde su infinito amor se manifesta y da un nuevo y definitivo sentido a la vida. No es un lenguaje de palabras sino de profunda e íntima comunión que nos eleva hasta la altura de su presencia. Quizás te has convencido de muchas cosas pero de cconocer la verdad, solo el Espíritu del Señor puede convencerte y dar certeza de ella. Nunca puede hacerlo un mensaje por elocuente que sea. Tampoco la belleza del lugar o el más sublime sonido musical, porque nada es comparable a esa revelación. Sino es en ese encuentro maravilloso que ocurre entre su Espíritu y el nuestro; que se abre el entendimiento. Entonces sentimos el aliento de la eternidad que ya no dejará de soplar. Todo eso y mucho más se renueva cuando cierras la puerta de tu habitación y se abre otra en el cielo. ¡Ahora! es tu mejor oportunidad.
Muy apreciado lector: Una de las reglas inobjetables se refiere a «El que busca encuentra» Pero no encontramos en si misma una concreta dirección. Deberíamos definir entonces qué buscar y llegaríamos a una conclusión » Solo el que busca lo bueno encontrará lo mejor»
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