Mensaje del Director:
Apariencias. No es prudente confiar en ellas. Un hombre camina tranquilamente por la acera. De pronto observa a un joven que está intentando frenéticamente levantar una baldosa frente a un edificio. Se pregunta qué está haciendo este joven mientras se acerca. El joven al notar la presencia del desconocido, por un momento levanta la vista y lo observa. Pero acto seguido continúa con su tarea. Oye ¿qué es lo que tratas de hacer? le pregunta el hombre. Mi amigo que vive en este edificio prometió dejarme un dinero debajo de esta baldosa, contesta el joven. Él está trabajando ahora y mi tren sale dentro de 15 minutos. Pero no puedo levantarla a pesar que me dejó esta herramienta. Necesito los mil dólares, pero no puedo perder mi tren repite; mientras continúa jalando la baldosa.
Apariencias que suelen ser engañosas.
¿Quieres que te ayude? pregunta el desconocido. Gracias señor pero creo que podré levantarla afirma el joven. Mientras intenta introducir la herramienta parecida a un pequeño estilete en las junturas del piso. Conforme pasa el tiempo el rostro del joven comienza a mostrar signos de impaciencia. Evidentemente la baldosa se niega a moverse. El joven mira su reloj una y otra vez hasta que con desesperación exclama. ¡No puedo perder más tiempo ya! Voy a perder mi tren, entonces se vuelve hacia el desconocido con ojos suplicantes. Por favor señor ayúdeme, necesito partir y no tengo dinero, le dejo este estilete en 200 dólares. Quédese Ud. con el resto del dinero, pero por lo que más quiera sáqueme de este apuro.
Apariencias. No todo lo que aparenta ser verdad lo es.
El desconocido responde no tengo 200 dólares, solo tengo 100. Bueno dice el joven resignado, eso es mejor que nada atrapando el billete en un santiamén. Deja el estilete en manos de su benefactor y se despide rápidamente. No sin antes soltarle un muchas gracias buen hombre, Dios se lo pague y luego desapare en una esquina. Al Instante el desconocido se da a la tarea de remover la baldosa. Hunde el extremo del estilete en la juntura y con un pequeño esfuerzo la baldosa vuela por los aires. Da un grito de júbilo, lo logré se dijo para si, pero eso duró solo un segundo. Para su sorpresa solo encontró un poco de cemento húmedo que parece estar burlándose de él. Le duele comprobar que ha sido engañado.
Apariencias que llevan a caer en la trampa de la codicia.
Siente un vacío en su estómago. Pálido y fuera de si levanta su mirada buscando al joven y sosteniendo esa ridícula herramienta en sus manos. Pero el joven se ha hecho humo con los 100 dólares. Evidentemente lo ha estafado. Sucede a menudo se tienen oídos desde luego, pero solo para escuchar la voz de la codicia. No para oír la voz de la razón y el sentido común. Una gran mayoría de personas creen más fácilmente en el engaño en todas sus versiones que en la verdad. El mundo promete grandes ganancias y dinero fácil con el mínimo esfuerzo, pero todo es ilusorio. Las ganancias pocas veces llegan y el dinero fácil nunca aparece. Solo lo verdadero permanece y eso siempre tiene un alto precio.
Apariencias. Algo que aparenta ser verdadero.
Así acontece también lamentablemente en el ámbito espiritual. Muchas personas se fascinan fácilmente frente a un orador elocuente. Pasan horas escuchándolo, solo porque les gusta como habla y lo que promete. Es lo que desean escuchar; pero no prestan la debida atención al contenido de lo que dice. En muchos casos van tras de él, hasta que el orador elocuente desaparece y nadie sabe dónde. Jesucristo nos dice “escudriñen las escrituras, pues ellas dan testimonio de mi” Y en la primera de Juan se lee “no creán a todo espíritu, sino prueben los espíritus si son de Dios, pues muchos engañadores han salido por el mundo” ¿Alguien está escudriñando probando y oyendo? Muchos toman con ligereza las cosas de Dios. Siendo además indolentes como para hacer el más mínimo esfuerzo para examinar las escrituras.
¿Apariencias o lo genuino, cuál la diferencia?
Muchos afirman creer en Dios, pero prestan oídos a las cosas y las formas de este mundo. Visten hablan y hacen las mismas cosas que la gente sin Dios, al punto que no se ve la diferencia. ¿Será suficiente con escuchar a tal o cual predicador, ir a una iglesia, diezmar y dar ofrendas. El predicador puede o no estar en la verdad. Pero en definitiva tú y nadie mas que tú, eres responsable por lo que oyes y haces después. Conforme a la palabra lo único que mueve a muchos es la comezón por escuchar lo que quieren oír. Entonces buscan maestros de acuerdo a sus propios deseos. Aquellos que les hablan de grandes promesas de bienes terrenales que tienen derecho a exigir. Dios Jamás promete que todos serán millonarios. De hecho Jesús dice «haced tesoros en el cielo… y a sus discípulos «a los pobres siempre los tendrán». No te guíes por las apariencias, busca siempre la verdad.
