Mensaje del Director:
¿Tienes algo para dar? Entonces no eres pobre. En su devocional de Momento Decisivo el Dr. David Jermiah nos permite conocer la historia que el Misionero James Kennedy relata acerca de la actitud que tuvo una mujer africana pobre, hace más de medio siglo. Como en los días de Jesús también allí la gente llevaba sus ofrendas para el Señor, pero esta mujer no tenía nada para dar.
Hasta que un día ésta cristiana se apareció con un dólar para ponerlo en el altar. El misionero se preguntaba de donde habría obtenido ese dinero, porque él sabía que era muy pobre. Cuando se lo preguntó, ella le dijo que se había vendido a si misma como esclava de por vida, para trabajar en una plantación cercana… por un dólar.
Esta sublime y al mismo tiempo desgarradora historia, tiene varias similitudes con las que aparecen en la Biblia. Recordamos a la viuda que dio todo lo que tenía, apenas dos monedas, o el frasco de perfume de nardo que María derramó sobre los pies de Jesús. Estas tres mujeres dieron para el Señor todo lo mejor que tenían, algo de mucho valor.
El Dr. Jeremiah nos acota que es la actitud y no lo que hizo esta mujer lo que debe tomarse en cuenta como ejemplo. No debemos intentar compararnos con los demás en lo que hacemos. Antes deberíamos preguntarle al Señor ¿Qué puedo dar? Algunos pueden dar mucho, pero otros poco o nada tienen para dar. La campesina africana no podía imitar la acción pero si la actitud, entonces trajo lo que pudo.
Cada uno de nosotros no debe sentirse mezquino o desgraciado. Unos porque pueden dar mucho y no lo hacen y los otros porque quieren dar pero no pueden. Pensemos en las cosas que Dios nos ha dado a cada uno, además de la vida las oportunidades o los talentos. No todo se reduce a dinero solamente que podemos reunir y luego entregar, sino a dar a Ël algo que ya nos ha dado antes.
Eso constituye nuestra ofrenda personal y única, diferente a la que ofrecen los demás. Pedro en el frente de la Hermosa le dijo al paralitico. No tengo oro ni plata pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesús, levántate y anda. María podía haber vendido el frasco de perfume y dar eso como ofrenda en el altar, pero para ella el perfume era lo más valioso que tenía para dar.
En esta Navidad, dale a Dios lo mejor de ti mismo, porque Él siempre te dará lo mejor.