La Biblia, el espejo que muestra nuestra real condición.

La Biblia, el espejo que muestra nuestra real condición

Mensaje del Director:

La Biblia, el espejo que muestra nuestra real condición. En una ocasión un anciano profesor de un Colegio Católico se enfureció frente a unas palabras que pronuncié. Estábamos en su hogar conversando tranquilamente acerca de varias cosas. No recuerdo estrictamente por qué, la conversación derivó hacia nuestra condición con respecto a las cosas de Dios. Al mencionar que todos éramos pecadores, él saltó de su silla como picado por una avispa. Sus ojos mostraban una genuina ira, sus brazos parecían las aspas de un molino y creo que tuvo intención de golpearme. Me apunto con su dedo índice y mirandome a los ojos estalló, yo no soy ningún pecador. Me sorprendió su enojo, yo recién comenzaba mi vida cristiana en la iglesia. Después de leer en la Biblia la conversión del Apóstol Pablo, me vi a mi mismo como otro pecador. El paso del tiempo me permite ver que el pensamiento de aquel anciano Profesor es lo que la mayoría mantiene. ¿Pecador yo? Jamás, no soy como los otros. El pensamiento es que creemos que somos mejores que la persona promedio.

La Biblia nos confronta:

Aunque no es inteligente ni siquiera sensato, el común de las personas cree que es mejor persona que su semejante. Es un juez cruel con los extraños e injusto con conocidos e incluso amigos. Es que resulta más sencillo ver los errores de los demás que los propios. Hasta el propio Rey David se encolerizó al escuchar la historia de Natán. Pero él mismo; era el personaje principal de tal historia. Muchas veces cuando predicamos un mensaje, el propio Espíritu Santo nos advierte después. Tú has hecho lo mismo que has predicado. El garrote conque hemos golpeado a los demás en ocasiones cae sobre nuestra propia cabeza. No somos perfectos ni mejores que los demás. Cuando escribo para encaminonuevo, no pienso en lo que estoy haciendo. Lo hago casi siempre sin estar totalmente consciente de lo que escribo, hasta que lo termino y luego lo leo. Entonces compruebo que en situaciones de las que escribo, yo mismo he fallado alguna vez. En su epístola Juan, nos advierte que si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos. Cap. 1 versos 8 al 10.

La Biblia el espejo más perfecto.

Cuando nos colocamos frente a un espejo ¿que imágen nos devuelve? Aquella con la cual abrimos nuestros ojos cada mañana según lo hecho el día anterior. ¿Es esa nuestra imágen real o solamente nuestra apariencia? Lavamos nuestro rostro peinamos nuestro cabello y pensamos que todo está bien y nos vamos. Pero las escrituras muestran exactamente cual es nuestra verdadera condición delante de Dios. No podemos engañar a Dios, el nos ve como realmente somos todo el tiempo, no valen las apariencias. La palabra nos escudriña y penetra hasta lo más profundo de nuestro ser. Pensamos tal vez que por concurrir a la iglesia, escuchar los mensajes y aumentar nuestros conocimientos es bastante. Probablemente poseamos más de un ejemplar de la Biblia en el hogar y que después de leerla pensemos es suficiente. No se trata de tener simplemente un ejemplar de la Biblia, sino si la Biblia nos tiene a nosotros. Tampoco en el conocimiento de la palabra, sino si hacemos cuanto dice. Hasta insconcientemente juzgamos a otros por cosas que nosotros mismos hemos hecho.

El libro de perdurable actualidad.

La Biblia es más que un conjunto de libros. Cuenta la historia de la humanidad desde sus comienzos hasta su destino final. Ha sido inspirada por el Todopoderoso creador para quien la lea y la practique tenga una vida plena y fructífera. Como ningún otro libro da las claves para la edificación de una persona feliz desde su nacimiento hasta su vejez. Es una contradicción que siendo el libro más vendido, la humanidad no haya logrado vivir en paz, seguridad y abundancia. La rebelión y no Dios ha hecho a la humanidad sufrir infinidad de penurias en su vivencia. Lo que las sagradas escrituras dicen acerca del tiempo que resta, es francamente aterrador. Un desastre tras otro, guerras hambrunas pandemias miseria violencia y muerte; escrito está. Tiempo del fin de todo lo conocido y aun se puede ver. ¿Qué harás tú hombre y mujer en estos últimos días? Piensa, aún tienes oportunidad. Todavía hay tiempo para elegir lo mejor y disfrutarlo ahora y después. El camino solo uno. Jesús; no existe otro. Tú eliges.

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