Dios no llama a los capaces. Capacita a los llamados.

Mensaje del Director:

Dios no llama a los más capaces. Capacita a los llamados. Según las acertadas palabras del Dr. David Jeremiah, Dios no busca a los más inteligentes y calificados para su obra. Como eximio Maestro, el conoce el tema como nadie y su deleite es adiestrar a sus alumnos para tal fin. El es el creador de la vida. El único con el poder de concederla y brindar toda posibilidad de gozarla a plenitud. Tampoco podría negarse a si mismo, eligiendo a unos y desechando a otros. Eso negaría su idoneidad. El ama profundamente lo que ha creado y jamás hace diferencias entre sus criaturas. Desarrolla hábil y maravillosamente sus materias, según la habilidad de cada cuál para aprenderlas. El requisito, es el sincero deseo de ser adiestrado  y luego la disposición de servicio. No existe un mejor Maestro que conozca más íntimamente a sus discípulos que Dios y lo que es mejor para cada uno.

Un lugar para cada llamado.

Tal vez muchos se auto-califican o se descalifican a si mismos para ocupar un lugar en la gran obra del Señor. No es una situación extraña o inverosímil. La misma Biblia nos muestra esta faceta del carácter y deseos, de algunos siervos que Dios llamó a su servicio. Recordemos a Moisés. El Señor desde una zarza ardiendo lo llamo para liberar a su pueblo afligido en Egipto. ¿Qué hizo Moisés entonces, sino poner reparos a su llamamiento alegando incapacidad para llevarlo a cabo? El olvidaba como muchos de nosotros, que nadie nos conoce tanto como Dios mismo. Y además que su poder; hace grandes a pequeños hombres y mujeres con pocos atributos y muchos defectos. Recordemos también la soberbia de la madre y de Santiago y Juan. Reclamado su deseo de sentarse uno a la derecha y el otro a la izquierda de Jesús.

Dios, el único que santifica el vaso.

Otra de las tantas cosas que el ser humano olvida, es que nadie puede dar lo que no posee. Uno de los innumerables atributos de Dios, es su Santidad. Solo Él es Santo. Por lo tanto el único que puede santificar a los que llama y todo aquello que está a su servicio. Vano y absurdo el intento de cualquier hombre de adjudicarse el derecho de santificar a otro. ¿Puede el injusto, administrar o hacer justicia? Lo intenta y cree hacerlo; pero nunca lo logra. ¿Puede alguien sentar un cerdo a la mesa? Claro que si, pero eso no hará al cerdo más apto y limpio. Su habitat natural y su deleite es revolcarse en el lodo. Insensato todo aquel que desde el púlpito dice, Señor, entrego en tus manos a todo este pueblo. No eres dueño ni siquiera de tí mismo; pero pretendes entregar a los demás. ¿Eres tú acaso; el que compraste las ovejas o las cargas sobre tus hombros?

La disposición para el llamado.

Las buenas intenciones tienen validez cuando son guiadas por un Espíritu superior y la finalidad en lo excelente. La naturaleza del ser humano, le lleva siempre a querer hacer su voluntad. En todo cuanto piensa y realiza, busca en primer lugar su propio beneficio. Cuesta ver la necesidad en la vida de los demás. Puede en ocasiones tomarse en cuenta, pero poco se hace cuando menoscaba nuestra tranquilidad y bienestar. Necesario es procurar lo mejor para uno mismo, pero también lo es hacerlo para los demás. No es la comprensión de este segundo mandamiento, lo que nos causa problemas. Sino el practicarlo a conciencia en nuestro día a día. No obstante si somos fieles en responder al llamado de nuestro Señor, debemos ser consecuentes  en  vivir esa realidad siempre. No se ve esta disposición en la congregación; donde todos buscan su bendición o su milagro.

¿Es a mi a quien llamas?

Exactamente; es a Ti. Tal vez no alcancemos a comprender cabalmente que la vida nos ha sido dada. No es fruto de nuestro esfuerzo. Alguien se queja de que no pidió ni eligió nacer. Pero nunca podrías hacerlo, para pedir o elegir, tienes que nacer primero. Pero podemos si comprender, que si estamos aquí, debemos funcionar con un propósito. Y gozamos con la libertad de cumplir ese propósito. Pero solamente podremos hacerlo cuando respondemos sinceramente a aquel que nos da la vida. Si creemos en Dios, ya hemos sido llamados, es decisión de cada cuál aceptar o rechazar el llamamiento. No es una cuestión de merecimiento, sino la intransferible oportunidad de participar. No mires en tu situación, tú inteligencia o capacidad, sino en la misericordia de Dios, que ha pensado en Ti. ¿Lo dejarás esperando tu respuesta? El tiempo es algo que no podemos controlar. ¿Sabes de cuanto dispones? Tienes el hoy, más que suficiente, dile que si A Jesucristo y será tuyo el mañana. Él es el único camino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Filed under: Camino con Propósito

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