Creo en un Dios de Milagros. Nada es difícil para Él.

Creo en un Dios de Milasgros

 Mensaje del Director:

Creo en un Dios de milagros. Nada es difícil para él. Su poder bondad y misericordia siempre han estado presentes en mi vida. Siendo un bebé de un año, mi vida corrió peligro. Mi abuela paterna ya de avanzada edad y corta de vista, tenía por costumbre llenar botellones con agua de grifo. Luego los acercaba a su alcoba y así tenerlos a mano para consumirla al irse a descansar. Pero también en parecidos botellones de vidrio se solía contener el keroseno para el consumo diario. En aquella época ambos eran de color verde. Se debía tener mucho cuidado y buena vista para no confundir el agua con el keroseno.

Una confusión de fin de año

No sabemos muy bien porqué mi querida abuelita, decidió darme a beber agua un 31 de diciembre al mediodía. Pero se equivocó de botellón, no fue agua lo que entró en mi boca sino un poco de keroseno. A partir de ahí según me enteré con el correr de los años, se desató el pánico. Mi abuelita se transformó en un mar de lágrimas. Una de mis tías corrió desesperada a buscar a mi mamá, que estaba trabajando. (en aquel entonces muchas mujeres trabajaban como hoy día) Otra fue en busca de mi padre que estaba en su empleo. Luego todos juntos conmigo a cuestas y a todo correr fuimos al hospital ese fin de año.

Creo en la ayuda divina.

Si les comento que ya estoy jubilado, esto les dará una idea de que ya pasaron muchas décadas y que estos acontecimientos culminaron felizmente. Pero no fueron los únicos donde la mano de Dios me estuvo cuidando. Cuando tenía 15 años comencé a trabajar en General Electric. Una multinacional estadounidense que tuvo en su momento varias plantas en el país. Me desempeñaba en la sección de Matrices. En una oportunidad un compañero que limpiaba una sierra circular horizontal olvidó un detalle importante. Colocar  la protección que ocultaba la rueda que portaba la sierra guiada por un gran engranaje. Se fué dejando la máquina encendida.

Creo que siempre habrán accidentes por faltas de atención.

Por regla general en el piso de estas máquinas se van acumulando trozos de materiales de distinto tamaño. Son restos de materiales que quedan allí después del corte. Recuerdo que tropecé con uno de ellos. Cuando intenté sostenerme mi mano izquierda cayó sobre la rueda que estaba girando. En un segundo sentí un pellizco en la punta de un dedo y al instante la sangre comenzó a fluir. ¿Una desgracia con suerte? Opino que no, mi mano cayó sobre uno de los rayos de la rueda. Si hubiese penetrado en medio de ellos, no habría conservado mi mano y parte del brazo hasta el día de hoy. Creo firmemente que fue un milagro y doy gracias a Dios por eso.

Un conocido y mortal enemigo

Recuerdo además que mi madre, hoy en la presencia del Señor, no se cansaba de repetirme. «Roberto por favor, no fumes en la cama antes de dormirte». Como tenía por costumbre no le hacía caso. Hasta que en una noche de verano me dormí con el cigarrillo encendido. Lamento no conservar una foto de cómo quedaron las sábanas y el colchón, pero créanme que no miento. Cuando desperté en la mañana fue cómo si alguien hubiese dibujado con un lápiz parte de mi cuerpo. Desde la cintura y mis piernas todo se quemó sin llamas. Pero ni un centímetro de mi piel sufrió daño alguno. ¿Cómo llamarían a esto? Creo que tengo motivos para reconocer un milagro.

Creo que la noche encierra muchos peligros.

En otra oportunidad, cruzaba en la noche la avenida 8 de Octubre rumbo a mi casa en el barrio llamado Unión. En ese entonces no estaba tan iluminada ni señalizada como en el presente. En las noches sin luna era verdaderamente una boca de lobo y una aventura tener que cruzarla. Pero no quedaba otra había que hacerlo. Confieso que dicha noche después de mirar hacia ambos lados de la calle, no percibí ningún peligro. Hasta que ocurrió en un momento que hasta hoy no puedo olvidar. A escaso centímetro de mi pie ví detenerse la rueda de un automóvil. Cuando levanté la vista pude observar el rostro desencajado del chofer de un taxímetro. Y luego los ojos desorbitados de una mujer madura en el asiento trasero. ¿Suerte? No, creo en la intervención de Dios.

Creo en quien cumple sus promesas

¿Puedo no creer y confiar en Dios? Tengo muchos más testimonios de los años siguientes. Estos son solo algunos, pero suficientes para dar razón de mi fe y dando conocimiento a los mismos. Desde luego, no cometo tonterías, me cuido. Jesús ha dicho que alguien vino para destruir, robar y matar. No piensen que todo ha sido color de rosa y que he navegado siempre en el mar de la tranquilidad. He tenido tropiezos, frustraciones, engaños y pérdidas. Pero en medio de ellas, nunca me ha faltado el consuelo y la ayuda del todopoderoso. Puedo decir con propiedad que Cristo cumple su palabra. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Lo que he vivido asi lo manifiesta.

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