Caminando por una senda polvorienta

MensajeroMensaje del Director

Hace mucho tiempo un hombre ya maduro continuaba caminando lentamente por una senda polvorienta. Cada paso que lo acercaba a su destino le parecía una pesada carga sobre sus pies ya cansados por el duro camino. No podía detenerse, había recibido una orden que no podía desconocer y reconocía que no era nada fácil cumplirla, pero le resultaba aún más difícil desobedecerla.

Es más difícil obedecer que desobedecer

Debía dar un mensaje al hombre más importante de su pueblo y esto pesaba en su ánimo, no sabía cómo este tomaría su mensaje y hasta pensaba si su propia vida no correría peligro. Con todos estos pensamientos en su mente, llegó por fin a su destino. Solicitó hablar con tan digno personaje y cuando estuvo en su presencia, le oyó decir “dime buen hombre que es eso tan importante que tienes que decirme”

Las palabras se negaban a salir, casi en un susurro comenzó a hablar. Mire Señor, hay un hombre en este pueblo que tiene en sus manos todo el poder, la riqueza, sirvientes, esposa concubinas y todo cuanto quiere pero aun así no se conforma y en su deseo se apoderó de la única posesión de un hombre pobre y le envío luego a la muerte para que no se supiese lo que había hecho.

Lo que nadie espera

El hombre que escuchaba atentamente de pronto cambió su expresión, sus ojos revelaban una profunda cólera y con voz ronca más que preguntar explotó. Dime de una buena vez quien ha sido capaz de cometer tal injusticia en mis dominios, ese hombre merece ser castigado con la muerte, dime ¿Quién es? El mensajero retorcía sus manos una y otra vez y su mirada se dirigía al suelo, cuando sonó más fuerte la voz ¿quien es?

La respuesta lo golpeó tan duramente que estuvo a punto de caer por los suelos de su palacio cuando oyó decir esta vez con firmeza al mensajero Tú eres ese hombre” El mensajero no era otro que el profeta Natán y el hombre poderoso nada menos que el propio rey David. El resto de esta historia verídica la puede Ud. encontrar en la paginas de la Biblia, tal como está escrita 2° Samuel cap.12 y no como yo la he recreado con mis propias palabras.

La Paja en el ojo ajeno

Que sencillo es ver los errores; siempre en los demás antes que examinarse uno mismo; a pesar de que Jesús es quien lo dice más claro que el agua pura, saca primero la viga de tu propio ojo antes que la paja en el de tu hermano. Pero no juzguemos al Rey David, él cometió muchos errores es verdad, pero tenía la gran virtud de reconocerlos primero ante Dios y después ante los demás y Dios lo perdonó. Si alguien está libre de culpa, entonces puede juzgar, pero no existe ser humano alguno.

¿Cree que Ud. está en posición de juzgar?

En mi vida pastoral, me han ocurrido cosas semejantes. Algunas se pueden contar como moraleja para algunos cuantos que suelen apresurarse en sus juicios. En cierta ocasión me vi obligado a amonestar seriamente a una persona que se atribuía derechos como para ordenar y exigir cómo se debían hacer las cosas no respetando la autoridad en ejercicio; pero al mismo tiempo incumpliendo sus propias obligaciones. Existe un principio de orden y nadie puede hacer lo que le venga en gana.

Un miembro de la congregación me recriminó por hacer tal cosa y les aclaro este tipo de cosas me molesta profundamente, no porque no me pueda equivocar y alguien llamarme la atención, sé que me equivoco muchas veces, sino porque algunos como en este caso, se colocan a la altura de Dios y juzgan según su elemental criterio, sin tomar en cuenta si personalmente están en condiciones de hacer alguna reclamación.

Es mejor examinarse a si mismo antes de actuar

Esta persona que recriminó mi conducta; obvio que olvidó que días antes su propia esposa me envió un e-mail a mi celular y al de otras personas con este mensaje “Mi esposo, va a la Iglesia, predica y hasta participa de la Santa Cena Santa, pero esta mañana me tomó por el cuello y casi me ahorca” ¿Que tal? ¿por qué juzgamos una situación sin tomar en cuenta los motivos y siempre nos fijamos en los defectos y errores de los demás como si nosotros fuéramos perfectos?

Que rápido somos para juzgar a los demás y caer en desobediencia a la palabra escrita.  Espero que a Ud. mi amigo y mi amiga no le ocurra lo mismo, porque la palabra de Dios sentencia. “No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis; seréis juzgados y con la medida que medís, os será medido” ¿por qué habría de colocarse Ud. en esa difícil situación? Por favor no lo haga.

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