Parece que fue ayer, pero pasaron casi 30 años

Mensaje del Director:

Parece que fue ayer y pasaron casi 30 años. No fue un día como el de hoy, nublado y gris, sino un estupendo día soleado, cinco días después de mi cumpleaños. Todo era una mezcla de expectativas y algarabía. Se presentía el germen de un cambio. Nos habían preparado para ese momento y se notaba en el aire cierta inquietud. Una cosa es el conocimiento de lo que se hará, otra diferente vivir el resultado. Abril acompañaba nuestros deseos, con una agradable temperatura. A pesar de que compartíamos la misma experiencia con otros hermanos, cada uno la vivía individualmente. El bautismo es la finalización de una etapa y el comienzo de una nueva senda de vida

En una senda desconocida.

Al comienzo como los niños, tropezando aquí y allá, ansiando conocer y viendo que hacer. Yo notaba que algunos parecían saberlo y realizaban algunas tareas, pero yo no encontraba mi lugar. Cada vez que regresaba camino de mi casa iba pensando ¿orar y escuchar los sermones es todo lo que hay? Me sentía un poco frustrado. Todo había sucedido muy deprisa. Me habían cesado en mi trabajo. Había ocupado el cargo de Capataz de Taller en una fábrica Metalúrgica. Al otro día comencé a padecer lo duro que es estar desocupado y lo difícil que sería lograr empleo. Es mucho más  sencillo, encontrar ocupación de mameluco que con una túnica, lo sabía. El no contar con una fuente de ingreso, me tenía desconsolado.

Una pesada carga sobre los hombros.

No solo me sentía abatido, sino desconcertado. ¿qué hacer, donde ir a quién pedir ayuda? Mientras eso pesaba sobre mi ánimo, mi hermana menor acababa de recuperarse de una Hepatitis aguda. Después de seis meses en cama, se había sanado, pero no quería dejar el lecho. Mi madre estaba desconsolada. ¿que vamos a hacer con esta muchacha, el médico dice que está bien? Pero no quiere levantarse e ir a trabajar ¿qué hacemos? Esa noche, encendí el receptor de radio y sin darme cuenta, el dial se detuvo en CX10. Escuché la voz de un Pastor y la de muchas personas relatando sus testimonios de sanidad y solución de problemas. Cuando finalizó el programa, el Pastor invito a todos los que tuvieran dificultades visitaran la congregación. Una pequeña luz comenzaba a encenderse, aunque sinceramente no sabía si me serviría para cambiar mi situación.

Una luz en la senda.

Como un naufrago en alta mar que se aferra a cualquier cosa que le ofrece seguridad, fue aquel programa.  A un anexo de la Iglesia Pentecostal en la Unión, dirigí mis pasos  un día Viernes. No conocía nada de lo que allí se realizaba. Pero algo que no comprendía en ese momento me llevó hasta allí. Las personas cantaban y daban gritos de júbilo, hasta que llegó el momento de las plegarias. No sabía lo que era orar, como católico solo sabía rezar, pero entendí que era momento de suplicar por ayuda. No recuerdo exactamente lo que dije, solo pedí que mi hermana se curara y volviese a su trabajo. Nada pedí para mi, pero regresé a mi casa sin saber si en verdad algo ocurriría. El Sábado a mediodía mi madre estaba radiante. Mi hermana le había dicho, ayúdame a preparar mi ropa, el Lunes vuelvo a trabajar. No dejó de hacerlo hasta jubilarse. El primer milagro había ocurrido.

Caminando en la senda elegida.

Recuerdo que era adicto al tabaco. El anexo de la Iglesia quedaba cerca de mi casa, así que iba caminando hacia allí los días de reunión. En el camino solía armar un cigarrillo y fumar tanto a la ida como al regreso. Pero un día ocurrió algo que cambió totalmente el rumbo de mi vida. Volvía de la reunión y literalmente «noté» que se me había quitado el deseo de fumar. Como si alguien hubiese quitado desde mi interior el vicio del cigarrillo. Fue la noche del 3 de Agosto de 1998, que este segundo milagro tuvo lugar. Nunca había tenido el deseo de dejar de fumar y jamás hice algo por dejarlo. Pero ese día el vicio desapareció de mi vida para siempre, luego dejé también el alcohol. Fue maravilloso volver a sentir el aroma de las flores, respirar a todo pulmón y tener la mente clara. Había encontrado la senda correcta. Dos años después descendí a las aguas y me bauticé.

Una maravillosa e inesperada sorpresa.

Después del bautismo, los días pasaban tranquilamente y sin sorpresas. Un día el Pastor responsable de la Sede Principal de la congregación me llamó aparte y me dijo. Desde el Lunes Ud. va a comenzar a iniciar la reuniones por la mañana. Esa responsabilidad me abrumó. Subir al púlpito de la principal Sede de la congregación, donde predicaban hasta predicadores de otros países, era demasiado. Esa noche no pude conciliar el sueño. Al otro día busque un Diácono de la Iglesia y le mencioné que no estaba preparado para hacerlo. Me miro fijamente a los ojos y lo que me dijo nunca lo olvidaré. El Pastor no te pidió tu opinión, te dió una orden y las órdenes en la Iglesia, se obedecen. El Lunes sube ahí arriba. No se si estuve bien o mal, pero subí al púlpito. Exactamente a los 40 días después de haberme bautizado.

Creciendo en la senda elegida.

Las cosas se fueron dando con el tiempo, no sin tropiezos y dificultades. A su momento fui llamado como Cooperador, luego Diácono y más tarde separado como Presbítero. Sería muy largo enumerar todas las cosas a lo largo de más de un cuarto de siglo de vida. Seguramente he fallado  y me  equivoqué muchas veces, pero jamás la mala intención tuvo lugar en mi corazón. Como todos he sufrido calumnias, traiciones, envidias indiferencia y olvido, porque no todos son convertidos. Pero a todos he perdonado. He predicado cientos de veces en 15 lugares diferentes de este territorio. Solamente en 4 departamentos aun nunca he predicado. He realizado esta pequeña reseña para Ti que recién comienzas o piensas dejarlo todo por algún revés. Si algo te han hecho ten la seguridad, de que Jesucristo no es el culpable y perdona cualquier ofensa.

No vuelvas atrás ni te permitas arrojar la toalla.

La senda puede ser tan colorida como decidas o tan gris como lo permitas. Es una cuestión de elección y visión. Si has transitado la vida con esperanza en Dios, tus ojos estarán llenos de luz y color. El tiempo pasará sobre ti, se es joven una sola vez. Envejecer no es doloroso para quien confía en el Señor, sino nos muestra la cercanía de un próximo encuentro. No es nuestra tarea permanecer cómodamente estáticos, contemplando pasar los días recreandonos en sus promesas. Sino emplear la mayor parte del tiempo según nuestros talentos posibilidades y ocupaciones, en difundirlas. La promesa de eternidad es tan incomparable como asombrosa y debe ser conocida por todos. Hacia ella vamos y cada día está más cerca. Alegra tu corazón, templa tu ánimo, estás casi a punto de conocer el rostro de tu Señor. ¡ALELUYA!

Filed under: Prueba un Nuevo Camino

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