Es la Fe, la solución real de todos nuestros problemas

Mensaje del Director:

¿Es la fe, la solución real de todos nuestros problemas? No es nuestra tarea, como mensajeros del Señor, brindar respuestas fáciles o caer en el tan extendido Voluntarismo. Se inundan las redes sociales, con mensajes de “Todo lo puedo, soy un triunfador, nada me detendrá, soy el gestor de mi destino, etc, etc, etc.” Pero según pasan los años, las dificultades que el ser humano enfrenta en todo el mundo, se han multiplicado. Se han repetido hasta el cansancio afirmaciones de fe positivas, que quizás se ha confundido la esencia de la fe. Los fracasos de esa práctica, se notan todos los días. Porque se basan en un principio falso. Creen en lo que se desea y piensa, pero no en el fundamento.

Creer en algo, no significa tener fe

Querer o desear simplemente, no significa tener fe, pues puede estar sustentado en un principio equivocado. Todo me irá bien. No voy a enfermarme. Voy a tener suerte. Voy a ganar mucho dinero. El punto flaco de tal creencia, es que no todo, siempre sale bien. La enfermedad llama a la puerta en cualquier momento. La suerte si existe, se debe a un hecho fortuito sin intervención del beneficiado. Todos desean mucho dinero, pero cada vez son menos quienes lo poseen. Tal creencia es una premisa de la llamada “Ley de la atracción” Lo semejante atrae lo semejante. La ley natural dice que los polos opuestos se atraen, los iguales se repelen.

El derecho a pensar y creer

Desde luego, cualquiera tiene derecho a creer en lo que quiera. Aunque ello no signifique estar fundamentado en la verdad.  La fe verdadera, es un don y eso hace necesario un dador que sustente el alcance de ese don. La palabra de Dios dice, que Jesucristo es el dador y sustentador de la fe. Y en Romanos leemos que Él ha dado una medida de fe a cada uno. Es aquí precisamente donde creer, comienza a tener sentido. Por supuesto con toda honestidad les digo, no sé cual es el tamaño de esa fe. Eso es algo que compete a Dios, pero seguramente, no es para que el ser humano crea que puede hacer y deshacer lo que se le ocurra. Más bien para que pueda cumplir su propósito en esta vida.

Siempre existen límites para cualquier cosa

Todo en la vida tiene límites, y es el Omnipotente quien los fija, no el hombre. La fe dada al hombre también los tiene. No podemos hacer lo que deseamos, sino lo que se nos permite hacer. Y no significa una ley autoritaria, sino algo que permite la convivencia. El Apóstol Juan nos orienta al respecto, que si pedimos alguna cosa “conforme a su voluntad” Él la concederá. Si se nos permitiese hacer nuestra voluntad, viviríamos en anarquía. Prestar atención a la voluntad del supremo, es lo que hace la diferencia en lo que se obtiene. Si queremos ver y vivir días buenos, es necesario que se haga primero la voluntad de Dios y no la nuestra. Primero obedecer, luego creer y después pedir.

Los designios del Todopoderoso

Es designio del todopoderoso que el ser humano use de un poder sobrenatural para lograr cosas casi imposibles. Eso es la fe. Algo que no se razona, que no obedece la lógica ni a leyes naturales. Que no se puede ver ni medir. Pero que es tan poderosa para mover una montaña, sanar un enfermo desahuciado y dar vista a un ciego. Al mismo tiempo, no mueve todas las montañas, sana todos los enfermos y da vista a todos los ciegos. Una cosa no invalida a la otra. En Hebreos, leemos que la Fe es la certeza de lo que se espera. La convicción de lo que no se ve. No actúa sin  la intervención del dador y sin duda no es algo que el hombre pueda usar libremente a su antojo.