El crepusculo de la Iglesia- Laodicea y la noche que viene

Mensaje del Director:

Todos nos emocionamos cuando el sol de la tarde comienza a ocultarse en el horizonte. Nuestros ojos no se cansan nunca de admirar el crepúsculo. Es un espectáculo fascinante de luces multicolores que parece despedir al astro rey hasta el próximo amanecer. Luego llega la noche. Los colores se esfuman y una luz blanquecina como un manto cubre el cielo y la tierra. Habrá que esperar hasta el próximo amanecer para que la maravilla vuelva a repetirse.

Todo vuelve a repetirse

Dios constituyó la noche para el reparador descanso. Tan imprescindible es, que hasta el mismo Dios descansó luego de trabajar en la creación. Y si el Señor tuvo que hacerlo, cuanto más nosotros. Hasta el propio Señor Jesucristo afirmó, que la noche viene cuando nadie puede trabajar. Porque no es el momento adecuado para hacerlo y el significado aún mucho más profundo.

¿Es la noche la antesala del descanso?.

El ser humano ha cambiado el sentido de muchas cosas. La noche ya no es el lugar para el reparador descanso. Se ha transformado en una oportunidad para multitud de actividades diferentes. Legítimas algunas, licenciosas otras. Tal vez porque al amparo de la oscuridad se pueden practicar ciertas cosas, que la luz permite observar. La frugal cena ya no es la antesala para luego irse a dormir. La cena se transforma en el comienzo de algo, que acontecerá después.

Habrá una noche y un amanecer diferente.

El mensaje a Laodicea, marca el crepúsculo de la iglesia local y el comienzo de la larga noche que viene. Nos habla de las condiciones de la iglesia de los últimos días. Su tibieza, su falsa riqueza, sus componendas con el mundo y su falta de la provisión divina. Es la Iglesia que se reúne con frecuencia, pero incomprensiblemente, ha dejado a su Señor afuera. Al punto de que está a la puerta y llama. Que inmenso es su amor y grande su misericordia que aun llama al arrepentimiento.

Un invitado especial

¿Desea Ud. aceptar la invitación del Señor Jesucristo? Entonces habrá la puerta de su vida y déjelo entrar. Tendrá la mejor cena de toda su vida, un excelente descanso y un  despertar como jamás imaginó. Pero si lo desprecia, será como aquel, cuyo estómago no soportó el alimento y terminó por expulsarlo. Las oportunidades no esperan. Se toman o se dejan. El arrepentimiento, no es aquello que aflige el ánimo por algo que se realizó. Jesucristo habla de “Cambio” ¿está dispuesto?